Uno: Paleolítico. Nada más aparecer, un tigre dientes de sable me hinca sus dientes de sable. Duele.
Dos: Neolítico. Agricultores. Abrimos acequias para los cultivos y, cuando la sed aprieta, bebemos de ellas. El agua sabe rara. Palmo.
Tres: Edad del Bronce. Construimos una muralla que proteja el poblado, me cae un pedrusco encima, larga agonía.
Cuatro: Imperio romano. Esclavo e hijo de esclavos, cómo no. Me manumiten (se dice así), qué suerte. Pues no, ahora debo ganarme la vida de otra manera. A la legión. Palmo (no en combate, sino de un golpe de calor con toda la impedimenta durante unas maniobras en la Bética).
Cinco: Edad Media. Frío, lluvia, viento, barro... Catarro. Me muero nada más empezar ¡¿por un catarro?!
Seis: Más Edad Media. Me dan de comer. Repollo. Al día siguiente, repollo. Más repollo el tercero. En mal estado. Diarrea. Palmo.
Siete: Qué pesadez con la Edad Media. La peste negra.
Ocho: Sáquenme ya de la puta Edad Media. Al fin, soy un noble. Algo tullido y cabroncete, pero noble, con castillo y todo. Hace un frío horrible, la comida es pésima y poca y la gente huele fatal. Yo mismo huelo fatal. Además, tengo que ir por ahí, impartiendo justicia a caballo, incomodísimo, sudoroso, sucio... Dan ganas de morirse. Y me muero al poco, qué alivio.
Nueve: Renacimiento. Me lo paso remando en una galera. Se oye algo fuera, una especie de estampidos, gente que corre y grita, humo. Al poco nos ahogamos todos.
Diez: Revolución francesa. De campesino vengo a París a vender hortalizas y me topo con la toma de la Bastilla. Para una vez que pillo un momento histórico, me digo, voy aaprovecharlo y me uno. No está nada mal la parranda. Al día siguiente salgo de la ciudad con un poco de pillaje y un mucho de cara de culpable, me topo con una patrulla que no anda con interrogatorios. Otro momento histórico y déjà vu: me matan.
Once: Siglo XX. Gripe española. No, no palmo de eso, sino de un tiro perdido en un enfrentamiento entre pistoleros de la patronal y sindicalistas. Yo solo pasaba por allí.
Doce: Medio siglo atrás. Corro a mi casa familiar, pero justo antes de que pueda liarla y no nacer, la máquina me devuelve al burbujeante presente.
Ahora entiendo por qué me han invitado a este bonus de viajes en el tiempo, los muy.... Eso sí, al menos se acaba agosto, porque coincido con mi madre: como en casa en ninguna parte.
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