Nada, que no espabilo ni pa dios, otra vez que era changüi el sueño de ser millonario. Y mira que esta vez lo veía claro, aquí a la puerta de casa, y además con una mina de oro, que ya veía a Trump llamándome por teléfono y yo le decía muy digno:«llámame más tarde Donaldo que ahora me voy a echar una pequeña siesta, pero si quieres oro no hace falta que nos invadas, ven al corral y coge unos lingotes, que no me entrar todos en el Cuarto del Gato y no tengo ganas de meterme ahora en obras».
Cuando vi la convocatoria de la rueda de prensa para presentar el proyecto Oro en Cármenes llame a Hergadi y les pedí unas ventanas de un metro más altas y medio metro más anchas, porque con las que tengo me da apuro que lleguen con los lingotes de oro y sea pequeño el hueco.
No quise ir a la rueda de prensa por no parecer avaricioso y enterarme el primero, pero mandé al mi Vitor, marqués de Canalejas y Señor de Mondreganes, y cuando fui a mirar, con la emoción del que mira la papeleta del gordo otra vez para regocijarse en la que es la premiada, y resulta que en vez de oro dice que es una serendipia. Ome coño, una serendipia, que a lo que pude leer es como si compras lotería pero no se juega hasta el 2040;y entonces puede que tampoco te toque, las serendipias dice que son así. Pero él ya tiene las perras del décimo que yo compré, más o menos Asís es.
A mi no me joder, que yo las ventanas a Hergadi se las tengo que pagar que llamé a Fidel y le dije:«¿Y qué te parece si en vez de pagarte las ventanas te mando una serendipia? No hay nada seguro, pero dice la empresa que tiene buena pinta». Dijo que no. La verdad es que no me fío yo de esa buena pinta que dicen, porque me la ubican en Villanueva, entre Cármenes y Villamanín, y Villanueva está tan entre Cármenes y Villamanín como yo soy un cruce de Brad Pitt y Orlando Bloom. De ahí p’alante ni te cuento.
Mira que ya me pasó cuando dijeron lo de la Escuela de Pilotos, que puse una tienda de escafandras y ahí las tengo en la cuadra de Lolines el de Tere a ver si algún amigo llega a ministro y obliga a los patines ir con escafandra.
Si la culpa es mía, que no aprendo. Ahora la serendipia.