Aquel pan con miel es inolvidable. Y las infusiones. Y los árboles. Y, por supuesto, los animales: los monos –cómo no recordar a Francisquín–, los faisanes, los ciervos y los gamos –y las inevitables comparaciones con Bambi, claro…–, los emúes… o los osos, Ponderoso y Luna, que en estos días de atrás han vuelto a ser noticia. El Coto Escolar de León ha recibido a largo de sus más de cuarenta años de historia –abría sus puertas el 14 de mayo de 1984, impulsado por su emblemático primer director, Mario García– a miles y miles de niños que, además de vivir experiencias muy especiales, han podido aprender a valorar un poco más la naturaleza –los monitores forman un equipo francamente excepcional–, a comprender la importancia de cuidarla. Hace unos años –tal vez lo recuerdes– ya te había hablado de ello aquí mismo.
Ponderoso y Luna –los osos del Coto–, te decía, han vuelto a estar de actualidad. Y es que el pasado 29 de julio abandonaban el que ha sido su hogar durante tres décadas largas para, más de 2000 kilómetros y alrededor de 22 horas por carretera después, llegar a su nuevo destino, el santuario ‘Gnadenhof für Bären’, que se encuentra en Bad Füssing (Alemania), a unos 150 kilómetros de Múnich. El traslado, no exento de riesgo para los animales, transcurrió afortunadamente sin incidencias.
Ponderoso había llegado al Coto en 1991, con apenas seis meses de edad, y Luna, en 1993, con dos años –en ambos casos, dicho sea de paso, fue la mejor opción para ellos–; y desde entonces han vivido ‘mimados’, cuidados con todo el cariño. Y se ganaron desde el primer momento el corazón de los leoneses, convirtiéndose en todo un símbolo del Coto.
Ponderoso y Luna pasarán el tramo final de sus vidas en un nuevo entorno. Si los expertos así lo han decidido, sus motivos tendrán, naturalmente –a pesar de su ya avanzada edad, que también hay que tenerlo en cuenta–; y no voy a ser yo quien lo discuta. Pero eso no quita para que su marcha haya dejado un enorme vacío en el Coto. Y en León.