Marta Muñiz

Oscura primavera

16/05/2026
 Actualizado a 16/05/2026
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Germán y Jerónimo han perdido la vida. Fallecieron al colisionar dos lanchas mientras perseguían a dos narcotraficantes. La viuda de Germán, también guardia civil, portó el féretro de su esposo a hombros en un funeral al que no asistió Fernando Grande Marlaska. Sus embarcaciones quedaron destrozadas. No tienen medios. Es una lucha de ratones contra gigantes en la que ni siquiera la legislación los apoya. 

Cuando nombraron a Marlaska ministro del Interior, parecía una gran apuesta, pero como dicen Presuntos Implicados: «Cómo hemos cambiado…».

Mientras, en Andalucía, la hasta hace días ministra de Hacienda y vicepresidente segunda del Gobierno lo calificó como accidente laboral. Muchos nos quedamos estupefactos, nos costaba escuchar lo que oíamos, difíciles de digerir sus palabras; ahora sobre fondo verde, el rojo, la rosa y la mano, han quedado atrás.

Este domingo tendrán lugar las elecciones en Andalucía y Montero, que ya caminaba hacia el matadero con bajas expectativas, llega a la cita en sus horas más bajas, acorralada por actos y palabras.

El PSOE ya no existe. Siento decirles que ha muerto. O si no lo ha hecho, esa socialdemocracia que en su día fue buena para España solo la sostienen algunos alcaldes y políticos autonómicos residuales. Lo que ahora presenciamos es un nido de corrupción más que un partido, cuyas siglas deberían ser PSZP, partido de Sánchez y Zapatero, mucho más cercano al comunismo chino y venezolano que al socialismo europeo, cuyas estrategias autonómicas suicidas contrastan con la supervivencia de un líder que cada vez recuerda más a la reina roja de Alicia, porque si para continuar tiene que deshacerse de sus más allegados, como en el libro, no dudará en afirmar (figuradamente, claro), aquello de: “que les corten la cabeza, menos a Begoña, por supuesto, que es la única capaz de descabezarme a mí”. Y así está lo que quiera que sea este clan. El purificador que lo purifique, buen purificador será.

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