Angel Suárez 2024

Orgullo de coleccionista

28/12/2014
 Actualizado a 14/09/2019
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Presumía Pérez-Reverte en el XL Semanal, con jactancia indisimulada, de poseer un tornillo de uno de los cañones del acorazado alemán Graf Spee, de cuyo hundimiento se cumplieron la semana pasada 75 años.

Para los que no estén familiarizados con hazañas bélicas, el Graf Spee, el de la película La batalla del río de la Plata, fue un acorazado alemán que en los inicios de la Segunda Guerra Mundial libró una legendaria batalla naval contra tres destructores ingleses, tras la que su capitán ordenó hundirlo en el puerto de Montevideo para evitar que fuera capturado. La suerte de los que navegaban en el acorazado es tan interesante como la propia batalla: el capitán se suicidó dos días después en la habitación de un hotel de Buenos Aires, vestido con su uniforme de gala y tumbado sobre la bandera de combate del buque; los prisioneros ingleses fueron liberados, y la tripulación alemana fue trasladada en régimen de internamiento a Buenos Aires para posteriormente dispersarse en los más azarosos destinos.

Y de la misma manera en que se chulea Pérez-Reverte, puedo decirles que otro periodista de raza, mi amigo Ignacio Sáenz de Pipaón, tiene en su casa de León cosas mucho más interesantes sobre el Graf Spee y su tripulación que un simple tornillo. Me ha enseñado, por ejemplo, la palabra de honor de no fugarse del teniente Gerfried Brutzer, escrita y firmada el 29 de abril de 1940, con la que pretendía obtener permiso para ampliar su estancia en casa de un amigo alemán que le había acogido.

Tiene también Pipaón el documento en el que se autoriza a 13 marineros del Graf Spee a disputar un partido de fútbol en Buenos Aires el 16 de marzo de 1940. Entre ellos Helmut Berlin y Helmut Ruge. El primero se hizo rico después de la guerra porque desarrolló un método de ruleta con el que desbancó todos los casinos de Río de la Plata. Pero el segundo fue nada menos que el primer prisionero alemán que hicieron los norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial. Se fugó de su internamiento en Buenos Aires y viajó en un carguero con bandera falsa rumbo a Alemania, que fue capturado por los americanos. Estos, todavía al margen de la guerra, consideraron a los tripulantes como internados, pero en mitad de la navegación se produjo el bombardeo de Pearl Harbour y la consiguiente declaración de guerra, y Helmut Rutge se convirtió al instante en el primer prisionero alemán de EEUU de la Segunda Guerra Mundial.

Y su ficha de prisionero la tenemos en León, en casa de Pipa, para que veas, Pérez-Reverte.

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