Imagen Juan María García Campal

Organizar la alegría

11/06/2025
 Actualizado a 11/06/2025
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Cuanto más escucho, leo y contemplo nuestra actualidad política más recuerdo la lectura del discurso ‘Rectificación de la República’ pronunciado por Ortega y Gasset en el cine de la Ópera de Madrid, pues más necesaria y urgente pienso y siento la rectificación de la vida política y parlamentaria española de la que, estimo, «es preciso rectificar el perfil y el tono» pues su vileza y crispación se está trasladando cada día más a la opinión pública y al convivir ciudadano. Más, cuando aquella, la opinión pública, se ha vuelto, como bien dice y enseña Rafael Argullol en ‘El puente de fuego’, «el auténtico sustituto de Dios, tan indemostrable como este pero con igual o mayor autoridad entre las multitudes», con la diferencia de que si bien Dios está fuera de nosotros, los sacerdotes de la opinión pública «nos repiten que formamos inexcusablemente parte de ella» de manera que, convertidos en ella, «nos transformamos fácilmente en una fuerza ciega a la que determinados políticos y periodistas hacen de lazarillo».

Muchas son las causas que nos condujeron al desencanto. Entre otras, el que quizá no fuera conveniente el grado de conciencia y contento alcanzado por la mayoría y se encontrase necesario frustrarnos para así, casi vencidos, eclipsando la virtud de lo logrado, reducirnos el ánimo y comenzar a tratarnos como discapacitados intelectuales, siéndoles así más fácil apelar a los sentimientos que a los pensamientos. Como frustrante es que nos sobren ejemplos de corrupción desde las más altas instancias del Estado para abajo, de forma y manera que da verdadero asco ver a unos y otros hablando de honestidad pública como que no tuviesen un pasado del que aún avergonzarse, sin haberse lavado la boca y aún menos pedido público perdón. Por esto, no debemos caer los ciudadanos en la peor de las corrupciones, el olvido, y sí desde la independencia partidista e incluso, aquellos severos que en los partidos sin duda hay, exigir a sus partidos el retorno a la política constructiva, es decir, argumentada bien con alternativas, bien con mayores explicaciones, en todo caso, ciertas.

Basta ya de pedirnos amenes, de endiosados o conmigo o contra mí que nos enfrenten. No somos iletrados vasallos, somos ciudadanos y por respeto a nosotros mismos hemos de exigirles a todos, y más aún a los supuestos «nuestros», respeto. Y siguiendo a Ortega exigir re-«organizar la alegría» de la democracia, conquistada que no regalada. Puesto lo merecemos, ¡exijámoslo por y con dignidad!

¡Salud!, y buena semana hagamos… ¡Y tengamos!

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