16/07/2026
 Actualizado a 16/07/2026
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Veinte años no es nada, como cantaba Gardel, pero no dejan de ser veinte años uno detrás de otro. Veinte años llevábamos esperando que los gobernantes de esta nuestra maltrecha y vieja piel de toro soterrasen la ronda este a su paso por el cruce de La Granja, pero todo son pegas ahora que por fin han llegado las máquinas. Que si los cortes de tráfico, que si los atascos en las vías alternativas, que si tres años para hacer una obra que cualquiera de nosotros remataría en seis meses… Al final, le acabaremos dando la razón al ministro del hormigón cuando dice que aquí es mejor no hacer nada y que no tenemos razón cuando reivindicamos tanto como nos adeuda su cartera.

Todo muy leonés y mucho leonés, como diría el inane Mariano, que se ha empeñado estos días en sumarse a la nómina de expresidentes empeñados en cambiar la letra de la canción de Karina y protagonizar una nueva temporada de la serie ‘Cualquier tiempo pasado nos parece peor’. Su torpeza lingüística está fuera de toda duda desde hace tiempo y quizá sólo pretendía hacer una gracieta al más puro estilo del recordado «muy españoles y mucho españoles», pero da igual, ya está tardando demasiado en disculparse. En cualquier caso, que se pretenda convertir su dislate en el principal problema de la agenda pública o en una excusa para poder tildar de xenófoba a una parte mayoritaria de la sociedad española por votar a su partido deja bien a las claras que hace mucho tiempo que hemos perdido el oremus.

Parece claro que el presidente aviador está dispuesto a cualquier cosa para intentar que no se hable de el estiércol que le rodea. Hasta tal punto es así que ha puesto el altavoz al último disparate del inane Mariano para que los franceses puedan demostrar que son muy franceses y mucho franceses. Si lo que le preocupa es la imagen diplomática de esta nuestra maltrecha y vieja piel de toro, quizá tendría que haber intentado minimizar el disparate y no exagerarlo. Igual que, si considera tan grave que la extrema derecha entre en los gobiernos autonómicos, quizá su partido tendría que haberse abstenido para conseguir que el mal fuera menor.

Sin embargo, el inquilino monclovita solo quiere combustible para tener a la gente enfrentada y en tensión para cuando toque citarnos con las urnas. Combustible y chequera fácil para perder un voto de un empresario o un autónomo al que le sube los impuestos y ganar cuatro de los expertos en exprimir las ayudas públicas y vivir sin marcarla o haciendo cuatro chapuzas sin que la autoridad tributaria se entere.

Es un maestro en la materia, de verdad. No hace falta que su alternativa le dé más combustible con patochadas como la del inane Mariano o con tiros en el pie como el de las bajas laborales. No es tan difícil dejarlo claro: bajas y ayudas para quienes las necesiten, no para los jetas, vagos y chupones –nacionales o de importación– que campan a sus anchas en este país.

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