La Sra. Ministra de Hacienda, para justificar su último tributo al separatismo catalán, se inventó un término que algo tiene que ver con «orden» en el sentido de «seguir un orden» (se su pone que establecido por Dios, y tan solo conocido por ella) Todo por entregarles a los separatistas catalanes una millonada en concepto de ayuda especial del gobierno de la Nación Española a una de sus diecisiete autonomías. ¿Y las demás? ¿Y las otras? Ah, vayamos por orden, dice la Señora (andaluza por cierto)
La razón no era otra que la «compra» de los votos de un pequeño partido catalanista para que el presidente Sánchez pueda seguir al frente del gobierno. hasta el final del mandato y a pesar de no contar con la mayoría suficiene. Y el discurso de justificación de la ministra resultaba tan patético que, cuando sacó a relucir el principio de «ordinalidad», la mayoría de los que escuchaban, se quedaron patidifusos, porque venía a dictar que debían cobrar más del estado central aquellos que más contribuían a las arcas comunales con sus impuestos. Nada de principios de solidaridad ,ni mandangas de esas. La ordinalidad, pónganse a la fila, los que van delante, los primeros.
Su discurso recordaba a aquel de los que se dedicaban a llevar películas por los pueblos apartados ,como contaba AnGLilllo, el de Carmenes, que llegaban al bar, acordaban con los dueños, apagaban la luz y proyectaban contra la pared una película de bandidos a caballo, si sonido. El presentador iba narrando y comentando la escena: «Ahora el caballo salta el barranco del Diablo. El que va delante es el primero...»
El principio de ordinalidad quedaba establecido- Ya solo quedaba esperar a que Angelillo demostrara su autoridad cuando llegaban unas chicas de la ciudad, fumando con descaro, y se dirigían al filósofo tratàndole de tú, cosa que algún paisano trataba de corregirlas. Pero era el propio Angelillo quien se encargaba de defenderlas: «Déjadlas que me traten de tú; que no hay cosa que más me guste que me falten al respeto.
Según eso, las pocas esperanzas de la España vaciada en que, su pertenencia a una prospera y moderna nación como España les ayudara a salir del abandono van quedando como películas proyectadas sobre paredes de adobe, con murmullo de palomas como acompañamiento musical, y el espanto de los vecinos pintado en e rostro. El que va delante es el primero. Y el primero será quien mas recibe según el principio de «ordinalidad» prescrito por nuestro Señor Presidente y su representante en la tierra, la Sra Ministra del hablar incongruente y escabroso.