La miniconvención del PSOE celebrada la pasada semana en León tenía todos los ingredientes para poder llegar a ser útil para los leoneses, aunque fuese mínimamente. Ministros, el presidente del Gobierno y la oportunidad de asumir algún compromiso con la provincia. Salió, como en tantas otras ocasiones, una convención de ‘selfies’. Pedro Sánchez y la comitiva hicieron el tour de rigor, posaron para la foto y se fueron. Dejaron promesas de boquilla, un monumento al ruido y bastante pelo en la gatera del PSOE leonés.
Si algo demostró ese sainete es que la política del colorín ha sustituido a la política de los hechos. Que el alcalde socialista, JA10, denunciara no haber sido invitado, derivando el tema en rifirrafes públicos, no es una anécdota sino la prueba de que en el PSOE local prima la escenografía sobre la utilidad. Llamadas al honor, acusaciones cruzadas en ruedas de prensa y militantes traídos de provincias vecinas para abultar un aforo que buscaba un buen tiro de cámara.
El secretario provincial, Javier Alfonso Cendón, respondió con dureza. Negó la exclusión y acusó al alcalde de buscar protagonismo. El resultado, una trifurca que hace ruido y no trae proyectos. Mientras algunos discuten quién invitó a quién, la ciudad espera medidas concretas que vuelven a dormir el sueño de los justos. Polémicas a parte de la Y de Castilla y León.
Quien esperaba que el aquelarre socialista se tradujera en anuncio de inversiones, se encontró con declaraciones vacías y vagas promesas. Puede que eficaz para las redes, pero nefasto para la política municipal. Y en los pasillos se cocía una trama. Diez aprovechó el malestar de los suyos para reunirse con el presidente de la Junta y mostrar sintonía con él. Él aspira a liderar la lista municipal de 2027, aunque juega a la ambigüedad de amagar yendo por libre. Cendón, que no quiere ser quien dispare primero expulsándole, teme que un Diez independiente fracture el espacio político local.
Cendón y Díez parecen ensayar un duelo que nadie se atreve a resolver. Uno necesita la expulsión propia para victimizarse, el otro rehúye ser el verdugo que convierta al adversario en leyenda. Es un vodevil estratégico, con más cálculo que convicción, y con la ciudad como simple atrezzo en ese escenario.
Así que lo que vimos fue un O.K. Corral a cámara lenta. Tiros de fogueo, recados públicos, tensión de despacho y mucha contención a la espera de que sea ‘la Divina Providencia’ quien decida. Nadie quiere disparar porque quien apriete el gatillo puede convertir al otro en mártir y al PSOE leonés en ruina.
Un partido que monta una convención para mostrar unidad, sale más dividido que nunca. Un alcalde que critica a los dirigentes de su partido pone de manifiesto la fragilidad de una organización que maneja símbolos y selfies mejor que presupuestos y obras. Los ciudadanos piden Feve, Torneros, San Marcos, Emperador, empleo, industria… y ellos se quedan con la foto. Que guarden las pistolas y se pongan a trabajar de verdad.