Imagen Juan María García Campal

¡Ojalá yo yerre!

15/10/2025
 Actualizado a 15/10/2025
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Quisiera escribir, hoy, con el alma contenta y la esperanza crecida. Pero ya saben, agnóstico hasta de mí mismo y, por lo tanto, descreído de dioses y milagros, no escribo embargado de gaudeamus pues, aun mis deseos, no me alcanza el regocijo como para festejar nada, sino para permanecer –¡ojala yerre!– expectante ante lo que se está llamando «Plan de Paz para Gaza» y no tengo por más de un «alto el fuego». No, ni tan siquiera me alcanza la emoción, la esperanza como para un hebreo «hallĕlū yăh» («alaben a Yahvé») y aún menos para un árabe «alhamd lilah» («Alabado sea Alá»).

Y no es que no me esperance el silencio de las armas, ni no me alegre la devolución por cada uno de los contendientes de los prisioneros hechos, algunos ya muertos. Devolución de cadáveres que me lleva a pensar si le dirá algo a tantas de nuestras bestias pardas patrias sobre la importancia que tiene la exhumación de los restos de las víctimas de los crímenes de guerra y la represión franquista mediante ejecuciones extrajudiciales y fusilamientos, aún desaparecidos en tantas cunetas y fosas comunes de nuestra geografía y su devolución a sus familias.

Sí, claro que me alegro y me esperanzo, mas qué hago con la incertidumbre que la historia palestino-israelí enseña después de más de un siglo de conflictos bélicos, masacres y actos terroristas entre ellos, existiera o no el Estado de unos u otros.

Cómo entonces dar, hoy, el crédito que ampare mi alegría y mi esperanza al Plan de Paz para Gaza anunciado a bombo y platillo internacional por el emperador yanqui para mayor gloria de él mismo (Ay ese punto 2 de 20 del Plan que habla de «reurbanización» y no de «reconstrucción de Gaza». Dicen tanto las palabras) y «si no, ya sabes, Netanyahu: todo vale». Mas, insisto: ¡Ojalá yo yerre! Nada me alegraría más que ver totalmente cumplido ese Plan de Paz. Sí, ojalá se llegue a ese «nuevo amanecer para Oriente Medio» y no volvamos a escuchar bombas ni disparos de unos y otros volviendo al estribillo de tan cruenta y larga historia. Sí, ¡ojalá yo yerre!, y vuelvan a fructificar en Gaza, en Palestina toda, los olivos, su árbol nacional, las moreras, los sicomoros y los naranjos Shamouti.

Sí, ¡Ojalá yo yerre!, también con respecto al estribillo ya entonado por la JC y León, en lo relativo a los contratos de bomberos forestales y agentes medioambientales hasta el próximo junio, olvidando con necedad que los fuegos se apagan con labores de mantenimiento en el largo invierno. ¡Ah sandez! 

¡Salud!, y buena semana hagamos.

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