Elijo, decido escribir sobre esta lacra social porque, entre otras cosas, quiero tener clara conciencia de estar haciendo algo para acabar con esta habitual, casi crónica, injusticia; porque estimo que, también en esto, el silencio puede ser cómplice. Deberíamos recordar siempre lo escrito por el médico forense Lorente Acosta: «Los hombres tenemos que incorporarnos a la Igualdad y a la erradicación de la violencia de género. No hay posiciones neutrales ante esta realidad, o se hace algo para acabar con la injusticia que supone, o se está haciendo para que continúe». Al igual que podemos estar en otras muchas luchas y solidaridades –contra la xenofobia, la homofobia, apoyando a las personas que pretenden encontrar refugio en Europa– debemos estar, sin prejuicio alguno, junto a la vanguardia femenina, humana, frente a la violencia machista y en favor de erradicar la desigualdad.
¿No ha llegado ya el momento de que nos replanteemos seriamente esa parte importante de nuestras posiciones, actitudes y conductas que, incluso inconscientemente, vienen determinadas por nuestro proceso de formación y desarrollo en una sociedad, sin duda alguna, sexista y patriarcal?, o acaso creemos que podremos seguir todos hablando de cambio –incluso no hay organización política o sindical que no lo haga– y carecer de un proyecto de cambio personal y, más complicado aún, ponerlo en práctica. Difícilmente podremos, podré contribuir a construir una sociedad igualitaria si previamente no supero, superamos individualmente, los papeles históricamente atribuidos a los géneros, con cambio personal, sin complicidad.
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