No es necesario formar parte de un colectivo para defender sus derechos y alzar la voz contra las injusticias que sufren a diario. A las personas heterosexuales y cisgénero no se nos discrimina, humilla o infravalora por quiénes somos, ni quiénes nos atraen o amamos. Con ellos no debería ser diferente. Por eso, aunque no lo vivamos en nuestras propias carnes, no podemos mirar a un lado y dejar que esto siga sucediendo. Si lo hacemos, somos cómplices.
He alcanzado la mitad de estas líneas y ya habrá quien se acuerde de lo acontecido esta semana en Malasaña y diga «¡pero también hay denuncias falsas!», negando así un evidente problema amparado e, incluso, promovido por determinados grupos políticos. Esta denuncia falsa ha hecho un flaco favor a todo el colectivo LGBT y a las personas que ya han denunciado casos verdaderos, pero no elimina sistemáticamente las agresiones sufridas. Hace menos de dos meses Samuel Luiz fue asesinado en A Coruña por su orientación sexual y no hay denuncia falsa que pueda minusvalorar este homicidio.
No dejemos que esto vuelva a suceder y actuemos siempre que podamos, aunque sea a través de pequeños gestos cotidianos. Podría deciros que el siguiente puede ser vuestro familiar, amigo o conocido, pero no hace falta que sean cercanos para que evitemos la violencia contra ellos por ser y amar: son personas y sus derechos se respetan. Si no lo haces o prefieres estar al margen, eres tan culpable como el agresor.
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