Con todo respeto lo aviso por no incomodar a ningún espíritu puro, en el sentido de casto, ni provocar pensamiento procaz en ningún otro, digamos, débil o, mejor, voluptuoso o sensual, y aun cuando uno ya no esté para mucho festejo -¡hay que ver cómo se deterioran los cuerpos!-, comunico que estoy escribiendo nudo, breve sinónimo de desnudo como incomodar y provocar lo son de escandalizar. Todo es por hacerlo sin contrariar la voluntad del ya presidente autonómico Fernández Mañueco y no correr riesgo alguno de rasgarme las vestiduras -como dijo en su discurso de investidura- no con, sino contra su más que asumida «prioridad nacional» voxista.
Su discurso, bastante plano, amén de confundirse a veces con la deseada por el PP nacional moción de censura al gobierno de España -ya en el minuto trece y veintiún segundos aventó la primera andanada al Gobierno de la nación que posteriormente, y con parejos sutiles ultrajes, ya sería el Gobierno de Sánchez. A mi escuchar y ver además de ser una intervención rasa, tuvo poco o estuvo falto de retórica, pues careció de «eficacia bastante para deleitarme y persuadirme» aun cuando en ciertos pasajes si llegó a «conmoverme» en el sentido de perturbarme e inquietarme. Comprenderán que, salvo la intragable «prioridad nacional», no les dé el gustazo de concretar los motivos de mi perturbación e inquietud. En resumen, una disertación que más bien pareció el cumplimiento de una condición no escrita en el acuerdo PP-VOX, es decir, reproducir casi textualmente el mismo en dicha puesta en escena. Vamos, un mójate o príngate hasta el tuétano no sea cosa que a lo largo de la legislatura te quieras desdecir.
Y no, no citaré palabras o, para los católicos, doctrinas expuestas por el señor Prevost, su Papa, en su reciente visita para afearle al gobierno PP-VOX su denigrante tesis -da cosa llamarlo principio, por «fundamental» que les sea- de la «prioridad nacional» a la par que promete un surtido de bajadas de tributos y exigen una mejor financiación por parte del Gobierno Sánchez. No, repito lo ya dicho en el artículo «Prioridad universal», soy, sobre todo, de la Declaración Universal de Derechos Humanos: «Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición…». Lo demás, xenofobia, racismo y eufemismos, digan lo que digan.
¡Salud!, y buena semana hagamos.