Nacho Barrio

La nostalgia tampoco es lo que era

04/09/2026
 Actualizado a 04/09/2026
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El otro día me sorprendí a mí mismo pensando que los primeros discos de Viva Suecia superan con creces a sus últimos trabajos. Me miré entonces al espejo y la cana rebelde que desde hace tiempo actúa como lobo solitario, como una especie de ‘unabomber’ capilar, había montado una pequeña célula con varias compañeras desde la que iniciar la conquista al resto de la almendra a lo Curro Jiménez en Sierra Morena. 

La escena, que tuvo como plató el espejo del baño de casa, estaba muy lejos de ese ‘farmear aura’ que definió con maestría Víctor S. Vélez en este periódico hace escasos días. Antes de ese momento para el recuerdo había recibido por ‘WhatsApp’ el listado de lugares comunes en los que uno cae cuando asoma los morros al abismo de los cuarenta. Del divorcio de momento libro, pero el pádel ya me ha echado ficha alguna vez, en el tema del remoquetado turco creo podría pedir al menos una prórroga y confieso que he pecado estando presente en algún ‘tardeo remember’. Somos humanos, usted sabe. 

Nada es como antes, pero ahora ser nostálgico es pensar que con Franco las flores olían mejor. Y tampoco es eso. 

Echando la vista atrás, mis padres insistieron mucho durante los años en los que era moldeable en que huyera como el diablo de la cruz de futbolines y tabernas. Tampoco es que fueran unos meapilas, entiéndame, pero había cierto temor en que el guaje se convirtiera en uno de esos mameras que llegan al bar y gritan la de ‘está to pagao’. En mi casa la figura del ‘barrilas’ era detestada y lograron que no me fuera de la linde. Soy malísimo al futbolín y no encuentro placer en lo de invitar a toda la barra, ni siquiera cuando el tardeo se alarga. 

El problema es que mis padres no podían advertirme sobre el barrilas del futuro. No había cuñaos –o no estaban tipificados– y nadie cogía el micro de un reportero para decir sandeces en directo a principios de los dosmiles. Aquel mamera de bar estepario, cuando la copina calentaba el hocico soltaba por la boca lo que ahora volcamos en Twitter. Para bloquearlo bastaba con abonar lo que se debiera y dejar al interfecto atrás. 

Ahora da la impresión de que son muchos más, pero no se engañe. Están más echados a la calle, eso sí, pero siempre hubo. Ni en eso la nostalgia nos da tregua, pensando que antes no había tanto tonto por metro cuadrado. Pero bocalanes, voceras y bocazas, de toda la vida de dios hubo. Ahora a veces hasta llegan a la alta política, fíjese. 

Nada es igual, pero todo es lo mismo. Cuánta razón tenías, Xoel. Aunque sigo pensando que los primeros discos de Viva Suecia eran mejores. Una cosa es hacerse mayor y otra perder el criterio.

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