La canción de Serrat que comienza: «¿Qué le han hecho al río, padre, que ya no canta?» y que termina: «Padre, nos están matando la tierra...Nos han declarado la guerra» resuena en los oídos de las vecinos de la tierra del cronista, la sin par Vidanes, al pié del río Esla, al que el poeta Luis Pelayo de Sosa cita en sus famosos versos: «Del Esla relucientes las cascadas» en el que evoca el nacimiento allí del Padre Isla.
Pues sucede que Vidanes es una de las 17 pedanías de Cistierna, donde da comienzo la montaña leonesa que se prolonga hasta el pantano de Riaño y el corazón mismo de la cordillera cántabro-asturiana. Y en esta pedanía ha surgido una amenaza: la construcción de una macro-planta de biogas, destinada producir materia prima que meter en el conducto de gas Pola de Gordón- Guardo, ya en funcionamiento y con una boca junto al cementerio de Vidanes.
Un grupo de ciudadanos se ha constituido en Asociación con el fin de tener acceso legal al proceso de legalización del proyecto y ha ido reuniendo testimonios de lugares en los que estas plantas están funcionando, llegando a la conclusión de que, en efecto, se trata de un verdadero desastre para el entorno sin compensación alguna digna de tenerse en cuenta. Y ha surgido ya el enfrentamiento que, no por esperado o conocido, esté resultando menos desagradable. La última han sido los insultos y amenazas del «Pedáneo» , en medio de la calle a quienes con casa en Vidanes, y de familia de Vidanes de toda la vida, se han hecho cargo de protagonizar la protesta legal.
«Padre, que el río ya no es el río... Padre, que están matando la tierra...».
El cronista, que protagonizó algunos episodios de luchas similares, una de ellas en esa misma zona cuando una empresa pretendía construir una estación de esquí y hasta las autoridades pretendían cambiar las denominaciones de la tierra para ampararlo, declara su adhesión total a Gonzalo Fernández Valladares y a su esposa y la asociación EslaVida, y se dispone a ayudar en todo lo que pueda porque esta guerra hay que ganarla.
La madre de Gonzalo, Estrella, ya ganó una muy importante cuando impidió que, frente a la casa del cronista, en el soto, al pié del Esla, instalaran una gravera y cementera, que hubiera supuesto el fin de la felicidad y el comienzo de todas las desgracias.
Las ventajas y desventajas de ese tipo de instalaciones están a la vista en muchas partes de España Y solo resultan aceptables para aquellos que obtengan algún beneficio vendiéndose al enemigo, Estamos en guerra, Padre.