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¡Nos ha venido mayo con Las Edades!

10/05/2018
 Actualizado a 18/09/2019
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Estos días de mayo estallan los lirios, deslumbra el amarillo de la colza y muy pronto se desangrarán los campos en amapolas. Un derroche efímero para una tierra austera. Del mismo modo florecen retablos y esculturas de las iglesias y los monasterios. Hoy es jueves, pero se visten de domingo, recién restauradas y rescatadas de la sombra del tiempo. Se inauguran Las Edades del Hombre, un año más, tan inevitable como la primavera. Volverá a bajarse saludando la Reina Sofía del coche oficial, escuchará atenta las explicaciones del comisario y preguntará después con interés sobre cuatro o cinco piezas que luego recogerán todas las crónicas. La rutina se completará en unas pocas semanas con la celebración del visitante mil y así pasarán los meses hasta noviembre en que hagamos balance. Las Edades del Hombre tienen sed de novedades. Parecen arrastrarse más como un hito de la agenda política que como un acontecimiento imprescindible para la oferta cultural de la comunidad autónoma.

Este año les servirá a muchos para descubrir la maravilla del románico palentino y en Aguilar de Campoo están abiertos los negocios que cerrarán en invierno. Un premio para la economía local que exprimir durante medio año. Y ya está. Quizá demasiado poco para el que presume de ser el gran evento cultural anual de Castilla y León. Puede que no suficiente para continuar el legado del visionario José Delicado que impulsó un proyecto que suponía todo lo contrario a la costumbre. El éxito de los primeros años de Las Edades del Hombre fue la excepcionalidad de una propuesta singular que por primera vez transformaba en museos las catedrales y rebuscaba en conventos aquellos tesoros resguardados de las miradas seglares. Que convertía la religión y el patrimonio en un auténtico espectáculo (en el mejor sentido del término) haciendo brillar las piezas y los templos, cuidando la escenografía y el diálogo entre siglos. Innovando en propuestas expositivas, renovando la forma de enseñar el arte. Recuerdo el impacto que me produjo aquella primera muestra en la catedral de Valladolid, lo sobrecogedor que fue admirar desde nuevas perspectivas las catedrales de Salamanca o aquella mañana de domingo en la que tras un par de horas de cola descubrí la belleza desconocida de catedral de Palencia. Pero una primavera se nos acabaron las catedrales.

Poco queda de aquello y me dirán que es que los nuevos ciclos expositivos buscan otra cosa con formatos más humildes. Eso no es Las Edades del Hombre, convertidas en una exposición más de las que pueden verse cada año en España, en un evento previsible y rutinario, que se deja llevar año tras año, siempre más cerca del agotamiento. Quizá por eso algunos dicen que Las Edades son un espejo de Castilla y León. El mundo que habitamos huye de la costumbre y el turismo de este siglo XXI busca escusas novedosas que motiven cada viaje. El relato aguanta, cómo no va a aguantar la historia más contada y más influyente para la humanidad. La labor de la Fundación debe impulsarse, como máximo exponente de la restauración y recuperación del vasto patrimonio de Castilla y León. Urge repensar el modelo de evento cultural, volver a la innovación, porque ni hasta lo exitoso resiste para siempre. Y no hay nada más desolador que morir de éxito, es mucho más doloroso que un rotundo fracaso. «¡Ya nos ha jodido mayo con lo mismo!», y lo mismo es lo de siempre... Las Edades y la primavera. Las exposiciones de Las Edades del Hombre son un jardín en mayo, florecen y marchitan, solo deslumbran unos pocos días. Pero aquí se recuerda en veranos.
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