Es curioso cómo siempre nos llama la atención lo más grande, lo más estrambótico, lo más caro... lo menos normal. A mí, llámenme loco, cada vez me llama la atención lo más normal. Cuando empiezo a escribir esta columna, aún más cuando se me olvida y el director, la persona que haga el cierre del periódico o (lo que más me jode, pero que no lo sepa) mi compañero en este espacio Jesús Coca me recuerdan que hay un hueco en blanco esperando por mí, siempre trato de buscar un tema de actualidad que antes siempre encontraba en Twitter una opinión de 0,60 que dirían Ojete Calor desarrollando el mismo procedimiento que me permitió sacarme la carrera de Periodismo sin aplicar demasiado codo.
Que me esnorto. El caso es que aparentemente mi Twitter se ha convertido en un aburrido espacio en el que apenas se habla de fútbol y más concretamente de la Cultural y Deportiva Leonesa, pero ciertamente esta semana me ha recordado que ahí especialmente también me asombra lo normal. En un mundo en el que parece obligado que si triunfas estás obligado a ser el mayor cretino posible, mi admiración va para esos padres de familia sin ínfulas de nada que simplemente se ganan la vida jugando a fútbol. Para esos chavales jóvenes que aún sabiendo que son extremadamente buenos y que muy seguramente jamás vayan a necesitar trabajar de otra cosa no dejan de lado su formación y apuestan por aprender otra profesión o estudiar una carrera.
Estos días todo el mundo habla en León de un chaval de 20 años de un pueblo de poco más de 300 habitantes de la comarca del Bages que esta temporada por primera vez en su vida ha salido de la provincia de Barcelona para jugar al fútbol. Los que le habían visto antes de llegar a la Cultural siempre han dicho que por delante le espera un brillante futuro en la máxima categoría del fútbol español, seguramente de la mano de un Espanyol al que llegó siendo benjamín. Si te cruzas con Roger por la calle, no vas a pensar que es futbolista y eso es seguramente lo que mejor habla de él. De su buen hacer dependerá en parte el futuro de una Cultural a la que espera dar muchas alegrías y que un día, cuando quizás vista del rojo de la selección española, los leoneses puedan decir que «a ese le vi yo jugar de blanco».