Non te absolvo

07/04/2026
 Actualizado a 07/04/2026
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Yde postre, un huevo de Pascua. Así se vive la Semana Santa en Ponferrada: procesiones, limonadas, buñuelos… y ese broche dulce que parece cerrar el círculo entre la tradición y la costumbre. Más que pedir, uno casi termina rogando que la torrija no deje huella donde no debe, con ese descaro que solo el pan frito sabe manejar.

Ha sido curioso regresar al sitio que ocupamos cada año como si nos pillara de nuevas. Nos sabemos el calendario procesional de pé a pá. Y hemos ido incorporando a la agenda cada hora compartida con él, incluso corriendo por si perdíamos el tren de la última cita, como si el año que viene no pudiéramos recuperarla con el mismo santo, a la misma hora, en el mismo lugar. 

Y les pilla al clero la Semana Santa en horas bajas, con un acuerdo recién estrenado para indemnizar a los jóvenes que denunciaron a párrocos por haber sido abusados cuando eran niños. No les daña. Tienen a los santos sobre los hombros y ese es buen escudo. Tanto que se atreven a decir animaladas amparadas en un «todo vale» que tal vez soporte esa pasta de barro con fe. Para el resto, esto no corrige una arcada. No se puede escuchar a un proclamador de la palabra de Dios decir que se le insinuaban los chavalines como excusa. O que ahora vienen a arañar dinerín, después de unos abusos que no califican como vergonzantes y que ni siquiera creo que estén en sus secretos de confesión como pecados.  Han destrozado vidas y siguen repartiendo ostias. Sé de la ceguera de esa fe que cree en las lágrimas de las imágenes que cumplen su fin en un recogimiento sepulcral, pero al abrir los ojos todo se retuerce y hasta molesta que la religión encabece un sistema educativo privado seleccionado por padres que tal vez tengan niños de 13 años…esos que algún párroco, o incluso obispo, acusaban de que habían aprendido bien lo que era la entrega… 

Hemos tatuado a la sociedad con un olor a alcanfor agrio que ahora se revuelve. Y es curioso que es cuando más cofrades salen a la calle y cuando las niñas llevan Rosarios al cuello como collares de moda, y cuando Rosalía se viste de monja, compartiendo hueco entre las trompetas y los santos cuando los líderes de la fe sacan pecho ante un delito, que lo es, tan sumamente intolerable. 

Callar no es opción, y hablar de más tampoco. Empatizar sí, y saber que nadie, ni desde un altar ni desde un púlpito puede hacerse con lo que no es suyo. Con el otro. Se trata, quizá, de algo más difícil: de mirar de frente. De entender que la fe no puede ser refugio para el abuso ni excusa para el silencio. Porque la oración no es poder. Es una forma de conciencia. Y quienes la representan también están llamados a ejercerla. Sin olvidarlo en Semana Santa, o compartiendo el huevo de Pascua. Pero así, el perdón no llega, no sale, ego non te absolvo patter.
 

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