Largo tiempo hacía que no recordaba con tanto afecto y aprecio, con tanta ternura, el vetusto portal y la vieja escalera de la casa en que vivía con mis padres y hermanos, mi familia; largo tiempo que no descifraba el lenguaje de sus ruidos y silencios, largo tiempo que no resolvía las susurradas confidencias de amistad y vecindad que sus tramos y descansillos solidarios secreteaban. Largo tiempo, sí, que no recordaba los enfados que me producían los recados a deshora, esclavitudes de ser el hermano pequeño, a la panadería, a la tienda de ultramarinos, a la vinatería (que sea de tierra de León), a… Largo tiempo, en fin, que de su mano no saboreaba en el recuerdo el regusto de términos como calle, amigo o vecino, como barrio, como vida… aun ya sean tan añosos, que no rancios, como vetusto el portal y vieja la escalera en que fue aquella infancia y juventud. Largo tiempo hacía, sí, que no revivía ninguna escena de la historia de aquella escalera.
Largo tiempo hacía que no veía de manera práctica y real cómo un nombre y unas imágenes, Maricarmen y su desahucio, se convertían simbólicamente en todos los nombres y todas la imágenes de los desahuciados, propietarios hipotecados o inquilinos, que en la patria han sido y de los que tan solo periódicamente se nos da noticia, sin que esa simbólica representación suponga una igualación de todos y cada uno de los casos. Qué duda cabe que, sin duda, habrá casos de justicia y casos sangrantemente injustos, tal y como parece el que ha conseguido dar nombre a todos ellos. Como sin duda también todos tenemos nombres en la cabeza que nos impedirían igualar la calaña o catadura moral de todas las personas propietarias de pisos en alquiler o caseros/as. Otra cosa bien distinta son los fondos de inversión o pretendientes de tal o asimilados. Su quehacer creo que lo hemos aprendido desde aquel 2013 en que Ana Botella y su corporación vendieron 1860 viviendas protegidas a fondos de inversión del grupo Blackstone. Venta por la que hubo condena del Tribunal de Cuentas 2018 y, cómo no, absolución por el Tribunal Supremo en 2020 y cuyas consecuencias aún colean en la capital del reino constitucional. Y digo constitucional por recordar lo que establece el sacrosanto texto en su artículo 47 sobre derechos ciudadanos, obligaciones de los poderes, especulaciones y plusvalías...
Largo tiempo hacía que no recordaba cómo un tiesto a más de uno hace terrateniente y un piso fondo de inversión por no decir inversor de fondo. ¡Ay los nombres e imágenes!
¡Salud!, y buenos días hagamos.
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