06/02/2026
 Actualizado a 06/02/2026
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Hace no demasiadas semanas cubría yo estas líneas compartiendo la preocupación que me generaba el uso de la inteligencia artificial especialmente en las redes sociales. No tendrá cosas que hacer aparentemente Pedro Sánchez que pareció leerme (de hecho seguro que lo hizo)y esta misma semana anunciaba en Dubái la intención del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. Ante esta noticia, como era de esperar, han surgido dos corrientes de opinión: la de los que lo ven como una medida positiva y necesaria para proteger a los menores y, enfrente, la de los que lo consideran una nueva afrenta a la libertad que acerca a España a cualquier estado masónsocialcomunistaylaturrahabitual. En realidad no es algo nuevo, en Francia o Australia ya se han dado pasos en ese sentido, pero lo que sí tiene de nuevo la propuesta del Gobierno español, tan grandilocuente como utópica e imposible de cumplir, es el hecho de implicar judicialmente a los máximos responsables de esta redes sociales en las que el odio, la sexualización y cosas incluso peores para ellos son únicamente negocio. Apenas unas horas después de que Elon Musk a todos los teléfonos con Telegram instalado, esa herramienta creada esencialmente para saltarse la legalidad, desde ver una película gratis hasta leerse un libro sin pagar por él pasando por crear una célula terrorista, llegaba un mensaje firmado por el propio creador de la app, un multimillonario ruso que vive en Dubái, denunciando el ‘recorte de libertades’ que se podría producir si saliesen adelante los planes del Gobierno español. Hay que joderse.

Evidentemente, a mí como padre me parece una sensacional noticia que el gobierno de mi país tenga la intención de proteger a mis hijas. También entiendo que haya padres que no piensen como yo, los mismos que comparten imágenes de las suyas en sus redes sociales o, incluso, los que hacen negocio con ellas a través de publicidad. Los habrá que digan muy indignados, «¡encárgate tú de controlar a tus niñas!» y yo, dándoles la razón y por hecho que eso haría cuando llegue el momento, les respondería que mucho más fácil será si todo su entorno, aunque sea obligado, lo haga igual. Mi Nokia 3310 no tenía Twitter y aquí estamos, al menos sabemos jugar al ‘Snake’.

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