Hace algunas semanas manifestábamos nuestra alegría por haber sido concedido a Corina Machado el premio Nobel de la Paz, al tiempo que manifestábamos, ante la decepción de Donald Trump, porque no se habían dado a él, que bien podrían dárselo para el año próximo, «si echa una mano a Corina para largar a Maduro y si lo de Gaza da el fruto deseado». Pues bien, a punto hemos estado de creer que lo tendría bastante asegurado por la brillante operación de detener al tirano de Venezuela y ponerlo en manos de la justicia. En principio la noticia ha sido un motivo de gozo para los millones de víctimas que han estado sufriendo las consecuencias de su crueldad, dentro y fuera del país.
Sin embargo, no todos piensan igual, pues también ha recibido muchas críticas el Presidente de Estados Unidos por no tener en cuenta el orden internacional e invadir por la fuerza a un país. Lo que ocurre es que estos que más protestan son los que, independientemente de lo que diga Naciones Unidas, son auténticos dictadores o autócratas, que no respetan en su propia patria los más elementales derechos humanos. No son, pues, los más indicados para protestar. Al contrario, son unos hipócritas, que no están dispuestos a renunciar a su prepotencia.
Desde el primer momento hemos tratado de compartir la alegría de quienes se han visto gratamente sorprendidos por la noticia, soñada y esperada, que apuntaba en principio a la caída de un régimen dictatorial y opresor. Pero parece que la alegría en casa del pobre dura poco. La oposición al régimen, ganadora por goleada de las últimas elecciones, ha sido vilmente marginada y perseguida, sin la posibilidad de tener acceso al poder. Todos entendíamos que, por fin, hahabría llegado su hora de tomar las riendas de la nación. Pero hete aquí que el presunto candidato al Nobel de la Paz ha dicho que de eso nada, que Corina y Edmundo, los ganadores elegidos democráticamente, no son los más indicados… Quisiéramos pensar que no lo dice en serio y que es una estrategia momentánea para no crispar más a los tiranos. Pero es que tampoco disimuló su interés por controlar la riqueza del país caribeño. A ver qué pasa.
Ahora bien, la noticia no deja indiferente a España ni a su gobierno. Entre los buenos deseos que muchos manifestaban de cara al nuevo año, bastantes soñaban con ver también entre rejas a más de un cómplice o beneficiario del sátrapa Maduro… Lo que más debería importarnos es que, por fin, en Venezuela, en España y en el mundo reinen la paz, la libertad y la justicia.