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Que no miren para otro lado

12/05/2026
 Actualizado a 12/05/2026
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La semana pasada recibíamos una noticia desgarradora: la muerte de dos guardiaciviles en su lucha contra las mafias del narcotráfico. Desgraciadamente, llueve sobre mojado y ya no son las primeras víctimas del benemérito cuerpo de la Guardia Civil. Lo cual quiere decir que poco o nada parecen hacer aprendido nuestros gobernantes, pues las cosas siguen igual. Me ha llamado la atención la valiente y esclarecedora homilía durante el funeral, a cargo de Don Santiago Gómez, obispo de Huelva, a quien tengo el gusto de conocer personalmente. Destacaría uno de sus acertados mensajes: «que no miren para otro lado». Mirar para otro significa hacer la vista gorda, no querer comprometerse, dejar las cosas como están o no molestarse en buscar soluciones eficaces. Desde luego que esta falta de interés no es aplicable a la Guardia Civil, siempre eficaz, a pesar de la precariedad de los medios que las autoridades ponen a su disposición. 

No es extraño que mucha gente se pregunte a ver a qué se debe esta dejadez, si a la desgana, a la incompetencia, a la desidia o tal vez a la complicidad con los delincuentes, a cambio de pingües beneficios. El Obispo de Huelva ha empleado la expresión «inacción institucional ante el poder de los narcos». No cabe duda que nos encontramos ante uno de los ‘negocios’ más rentables económicamente y también más destructivos y mortíferos. A veces da la impresión de que la sociedad no se entera, de que sus consecuencias tan terribles pasan desapercibidas, de que también esta sociedad mira para otra parte.

Y  lo que decimos sobre la droga es también aplicable a otros campos en los que nuestros dirigentes miran para otro lado, como puede ser el caso de la vivienda. ¿No es vergonzoso que en pleno siglo XXI esta sociedad tan avanzada no tenga medios más que suficientes para que todo el mundo tena una vivienda digna y asequible? Pero por parte de quienes gobiernan no hay verdadera voluntad de buscar soluciones, sino que se limitan a lamentarse y a poner dificultades. Como en el caso de la droga, hay muchos intereses egoístas, mucha especulación, mirando el propio interés o el de aquellos grupos de presión que les sostienen y no el bien común.

Uno de los grandes fallos de nuestros gobernantes es por lo menos tan viejo como el de un político de hace dos mil años: «lavarse las manos». Pero mucho nos tememos que por muy buen jabón que utilicen difícilmente podrán disculparse de la muerte de unos guardias civiles inocentes y de los millones de víctimas del narcotráfico.

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