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Los niños y el espectro

16/07/2026
 Actualizado a 16/07/2026
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(Animación) Gritos, chillidos, balbuceos, bombas, salpicaduras, saltos, juegos, aguadillas, niños, madres vigilantes, adolescentes, grupos enfangados en charlas insustanciales, adultos intentando serlo, abuelos viendo crecer a los suyos un año más. El sonido es lo más inconfundible, ese que se recupera cada verano, que enfunda el alma en un ser completamente ajeno a la rutina, a la problemática, al claroscuro. Uno piensa, o reflexiona a partes iguales, que este lugar, por épocas tan intrascendente, nos ha visto todo, en la ternura, en la evolución, en la expansión, en la dejación y es probable que en la sucesión. Una vida episódica en un charco de agua higienizada, centro de reunión, como esa plaza, como esas calles, como esa casa, como ese pueblo. Es aquel sobrecogedor capítulo de los espaguetis humanos en Rick y Morty; pónganse Live Forever y fluyan.

(Devenir) Camino, nado y disfruto con pavor. Temeroso de mi subconsciente. Duermo sobrecogido, podría entrar en mis pesadillas. Salvador Illa, un espectro etéreo, un alma en pena por quienes le rodean, como escudriñador beato, un aleccionador mefistofélico, un político de tono tan sibilino que convence de lo monstruoso. Sostiene quien cogobierna a gusto con el independentismo que es mal español el contrario a su propuesta de financiación adoptada letra a letra por el gobierno central. Mal español por negarse a someter el dinero de todos a los requerimientos y demandas de una comunidad rica (a más). Mal español, ese plebeyo sin un internet del siglo, que transita por patatales urbanos y rurales, que ve como se mueren sus lugares, ciudades, pueblos…  Me sumerjo, y surge su voz, como si de Insidious se tratara: somos la izquierda, mi igualdad, la mía para mí, shh…

(Vislumbrado al borde de un agua bendita cada verano, endiosada, expectante, escuchando «cucu» de vez en cuando a modo de provocación, mientras al fondo se ven unos ojos deseosos que los lancen al aire. Y objetivo cumplido. Deberíamos aprender más de los niños, porque esta realidad no hay que tomársela en serio, tal vez hacerle una peineta mientras uno se ríe)

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