Secundino

Los niños españoles de 12 años no tienen la culpa

22/10/2026
 Actualizado a 22/10/2026
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En los cuatro artículos anteriores he tratado de dejar claro lo que ha ocurrido en el informe Pisa 2026. Ahora mi deseo es hacer un análisis de las secuelas o medidas que se deben tomar en cada país, de acuerdo con los resultados obtenidos. Cada tres años Pisa hace una ‘foto’ para desvelar la situación en la que se encuentra la educación de una nación y las posibilidades que tiene de mejorar. Para el que sale mal en la foto es muy desagradable ver a sus alumnos con dos años de retraso con relación a la media, pero en la parte opuesta ocurre lo contrario. Cuando un país está 40 puntos por encima de la media general, es decir, sus alumnos con dos años de adelanto, lo celebran como un premio a su trabajo. El Informe Pisa es un estudio a nivel mundial para medir el rendimiento académico de los estudiantes de 15 años (generalmente al concluir la educación secundaria obligatoria), en tres áreas principales: Lectura, matemáticas y ciencias. El Informe ofrece datos estandarizados para contrastar los sistemas educativos de más de 80 países. Este programa se realiza desde el año 2000 cada tres años. Cada Informe Pisa es un ‘termómetro’ de los sistemas educativos: Funciona como un espejo que permite a los países saber en qué posición están frente al resto del mundo, visibilizando los modelos (como los de Singapur, Japón o Estonia) que obtienen los mejores resultados. Y cada Pisa viene a ser una radiografía social: Más allá de las notas en matemáticas, ciencias o lectura, incluye cuestionarios de contexto muy valiosos. Gracias a ellos, analiza cómo influyen los móviles o pantallas en las aulas o el bienestar emocional en el aprendizaje, sin acoso y con buena convivencia. El gran prestigio del Informe Pisa se basa en el «prestigio de la OCDE»: Evalúa con rigor a cientos de miles de estudiantes de más de 90 países. Esto ofrece una base de datos estadística de una solidez sin precedentes. Y también se basa en la ‘Independencia’: Al ser una auditoría externa e internacional, proporciona un diagnóstico ajeno a los intereses de los ministerios de educación de cada país. No queda ninguna duda de su imparcialidad.

¿Y ahora qué hacemos? Después de registrar el peor resultado histórico en el Informe Pisa 2026, ¿Qué salida le queda a España? Por supuesto, no es admisible la solución tomada por Pilar Alegría hace 3 años: La entonces ministra de Educación justificó la situación argumentando que el retroceso fue global debido al impacto de la pandemia de la Covid-19. Señora Ministra, usted decidió no hacer nada y aquí tiene las consecuencias: Lectura 2025: 451 puntos (caída de 23 puntos, más de un curso de retraso para nuestros alumnos de 15 años). Matemáticas 2025: 457 puntos (caída de 16 puntos, casi un curso de retraso). Ciencias 2025: 477 puntos (caída de 8 puntos, medio curso de retraso). ¡Terrible y penosa decisión! Señora Ministra actual, Milagros Tolón, no caiga de nuevo en el error de no hacer nada (aunque sólo sea por un mes hasta las elecciones) y no ponga como disculpa de que «el retroceso se enmarca en un contexto de deterioro internacional». Nuestros niños españoles de 12 años no pueden seguir perdiendo, con el resto del mundo, un curso de media en el Pisa 2028, y todo ello sólo «por no hacer nada ahora».

La respuesta de los que están en el fondo de la lista suele ser “desprestigiar y no valorar el Informe PISA porque no evalúa disciplinas fundamentales para el desarrollo humano como la historia, el arte, la música, la filosofía, la educación física o la expresión escrita”. Me recuerda la fábula de la zorra y las uvas de Esopo. Es muy fácil despreciar lo que no se puede alcanzar (Las uvas estaban verdes).

Por último, la respuesta soñada por gran parte del mundo educativo español sería que el 29 de noviembre, independientemente del que gane en las elecciones, el nuevo presidente reúna una comisión técnica y apolítica para lograr “un pacto educativo de estado”. Es la gran oportunidad. Tenemos que salir de esta debacle. Nuestros alumnos de 12 años piden “a gritos” a los políticos que sean coherentes y piensen en ellos. La OCDE nos da las pautas para superar esta situación: Acabar con el buenismo de la LOMLOE y recuperar la cultura del esfuerzo. El objetivo principal del programa es proporcionar a cada nación unos datos comparables que posibiliten mejorar sus políticas de educación y sus resultados. Se pretende ayudar a los gobiernos y ministerios de educación a detectar fortalezas, debilidades y reformar sus metodologías de enseñanza. Hablamos de educación, no de política. Nuestros niños de 12 años y sus padres tienen que recuperar en el Informe Pisa 2028 los dos años (40 puntos) que hemos perdido en la última década. Políticos españoles, por favor, no jueguen con nuestros niños, obligándoles a ‘tragar’ con una nueva LEY PARTIDISTA. «Los niños no tienen la culpa».

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