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Ni sumisión, ni silencio

17/01/2026
 Actualizado a 17/01/2026
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Lo hice con la Asociación de Periodistas de León y lo he vuelto a hacer con el Colegio Profesional de Periodistas de Castilla y León. Desde la semana pasada y después de ocho años como decano de dicho Colegio me he cortado la coleta. En esta vida es tan importante dar un paso adelante como hacerlo hacia un lado en el momento preciso. Siempre he defendido que ocho años es un periodo de tiempo ideal para aportar todo lo que tienes dentro en búsqueda del interés general e implantar una impronta personal en un proyecto de este tipo.

He sido y seré muy crítico con las personas que se eternizan en los cargos, ya que considero que esa actitud genera ciertos vicios que, de manera consciente o inconsciente, me da igual, son perjudiciales para la entidad o institución a la que representas. Es la delgada línea roja que separa el estar al servicio de algo de poner ese algo a tu servicio. Y no voy a empezar a dar ejemplos de los que eligen la segunda opción, porque entonces sí que me eternizaría.

No es fácil cerrar una etapa después de ocho años y te enfrentas a sentimientos encontrados, pero me ha ayudado mucho a transitar este proceso la tranquilidad que me proporciona la composición de la nueva Junta de Gobierno del Colegio, que estoy seguro no nos defraudará y estará a la altura de lo que necesita nuestra profesión.

Por otro lado, tengo que reconocer que me voy con una sensación agridulce. Feliz por todo lo conseguido, pero triste por conocer los bajos fondos y las cloacas que también existen en la relación entre organizaciones profesionales periodísticas y el Poder. No es agradable ver cómo algunos anteponen sus intereses personales e ideológicos al interés general de la profesión y de las entidades que deberían representar. Presenciar la actitud de algunos, corrompidos por la erótica del poder o por otros motivos huérfanos de ética, te hace dudar de muchas cosas y te obliga a enfrentarte a ciertos dilemas morales. El único consuelo que me queda es que cada vez que he presenciado este tipo de actuaciones no me he callado, al igual que otros compañeros tampoco, lo que al menos te hace tener cierto optimismo en que no todos somos iguales.

Finaliza así una etapa en la que me voy con la conciencia tranquila de haber defendido hasta la extenuación un periodismo libre e independiente, en la que me he hecho no pocos enemigos, lo que guardo como un mérito, teniendo en cuenta el pelaje de los susodichos, pero en la que también me llevo muchos amigos y compañeros de bien. Y que nadie se equivoque, ahora ya desde mi atalaya personal, seguiré en la lucha. 

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