Quizás sea que, amén de abuelo, vaya siendo un viejales, aun no tan gruñón como podría suponerse (¡ay compañeros del alma, compañeros!), mas últimamente hay un algo que cada día entiendo menos en el ejercicio de la política, mejor, de las distintas posiciones políticas asumidas y no ya por los representantes públicos de las mismas –que también a veces– sino de las seguidas y defendidas por parte del común de los mortales patrios. Por lo que veo en la red social que uso y frecuento y escucho en algunos cenáculos desayunadores en cafés, más parece que volvemos a reducir la política a batallas verbales, carentes de argumentos y sembradas de insultos, propósitos de ultraje y descalificaciones absolutas, en vez de ejercerla con y en sana y libre confrontación de ideas, es decir, argumentada exposición de los planes y disposiciones que se ordenan en la imaginación para la descripción y gestión del presente y futuro por quienes gobiernen o aspiren a regir los asuntos públicos y quienes a título personal sigan tales postulados. Tal parece que la única estrategia tomada para sí por la mayoría de partidos políticos y muchos de sus seguidores es la frase del general y estratega chino Sun Tzu en su ‘El arte de la guerra’: «No hay mejor defensa que un buen ataque». Y así, bajo esa adaptada estratagema, hay que ver cómo abundan, tanto en formato digital de la red social como en el decir de los participantes en cafeteada tertulia, expresiones carentes de cualquier contenido más allá de un reduccionista y simplista meme, es decir, de una imagen, video o texto, por lo general retorcido con fines caricaturescos –normalmente descalificadores y ofensivos–. Mas lo peor para mí, lo más preocupante, es cuánto se van pareciendo los estilos, demasiado iguales, desarrollados y manifestados por muchos adeptos de cualquier color del arco parlamentario y aledaños.
Quizá, digo quizás no lo vaya armar o provocar sin querer, debiéramos todos atemperar, enriqueciéndolo, nuestro verbo de manera tal que ni nos sintamos al ser interpelados ni al interpelar a otro como enemigos, sino como democráticos adversarios. Pensar y expresar nuestro pensamiento es lo que nos diferencia de la bestia. No la alimentemos. De cada cual depende. ¡No seamos necios!
O quizás todo sea que, como el monje Luc, interpretado por Michael Lonsdale, cita a Pascal en ‘De dioses y hombres’: «Los hombres nunca cometen el mal más plena y alegremente que cuando lo hacen por convicciones religiosas» y políticas, añado yo. ¡Pena!
¡Salud!, y buena semana hagamos.