«Quedarse aquí era de apestados. El resto pensaba que claudicábamos porque renegábamos de la ciudad»…
Se lamentaba, desganada la mujer, anciana a la fuerza, con rictus de amargura corrosiva como claudicando ante la vida. Varias veces la he oído quejarse por los que desaparecen: «persona que se muere, casa que se cierra…venís por el verano y nos dais vida, pero luego , al marchar, os olvidáis de nosotros…» y pensé en la frase que Dante grabó a las puertas del Infierno en su Divina Comedia: «Abandonad toda esperanza los que entráis» .
No puedo evitar cierta punzada de remordimiento al oirla. Intuyo que no le falta razón. El verano lo disfraza todo de bullicio, fiesta, novedad…las terrazas de los bares de nuestros pueblines se tornan capitalinas, y al color local de los nativos o forofos del lugar, se suman los regresados, realojados, o turistas varios en busca de novedades: ya sean emplazamientos para la observación de eclipses, museos emotivos o paisajes idílicos más allá del mundanal ruido.
Pero al orillarse agosto, al dictado de las primeras alzameriendas, comienzan las casas a cerrar los ojos, y menguan las luces que clarean al apagarse el dorado de la tarde. También se escuchan menos coches retumbar en la carretera a lo lejos, y los perros parece que pierden su oficio, no teniendo a quien amedrentar. Se quedan solos…
Boñar es uno de esos pueblos que también eclosionan en verano. Villa galana de traza elegante y señorío probado. Repleto de caminos coquetos para perderse durante estos días previos a la lánguida estampida al finalizar las fiestas locales. Y además cuenta con un determinante núcleo de resistencia: el instituto.
Ahí esta: IES Pablo Díez, el conocido mecenas benefactor , uno de los impulsores de la cerveza Coronita. En su fachada, desplegada, una gran pancarta con una frase escrita por Julio Llamazares: «Orgullo de ser de pueblo». Dentro, se atisban varios paneles informativos que atestiguan la implicación del centro en proyectos educativos europeos de internacionalización: BITS, Erasmus, un programa de colaboración con Portugal, y una vinculación con el Camino Olvidado a Santiago, que, además, esta semana inauguraba albergue en La Vecilla. También tienen el proyecto Eco de la Montaña, relacionado con el paisaje y patrimonio de la montaña leonesa, y con la obra del ya citado escritor de Vegamián, que tiene nombre de verano.
En el interior del recinto educativo veo un hombre que riega el campo de recreo, quizá preparándolo para el retorno de los estudiantes. El entorno es paradisíaco. Nada hay escrito en la puerta del IES: solo el nombre del centro , quizá porque, como también pensó Dante, no sea necesario escribir nada a las puertas del paraíso. Solo cruzar sus puertas, y quedarse en él sacudiendo el polvo que se adhiere al alma, para que no envejezca ni desaparezca…
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