Hay tradiciones que no se pierden: la romería, el festival del botillo, los carnavales de Velilla, la nieve en S. Isidro… y la visita electoral de los partidos nacionales a León para no comprometer absolutamente nada para León. Patrimonio inmaterial de la política patria.
Una vez más -y ya van tantas que empiezan a formar parte del paisaje- los próceres de la política nacional recalan en nuestra provincia con el mismo interés con el que un turista pisa un aeropuerto en escala: sin intención alguna de quedarse ni mirar alrededor. Llegan, se suben al atril, antes se ajustaban la corbata, ahora se estiran el jersey sobre el vaquero, y comienzan a hablar… de lo que dicen en Madrid, siempre en Madrid. Como si el Sil fuera el Manzanares con acento.
El pasado domingo 22 de febrero, el presidente del gobierno visitó Ponferrada acompañando a su candidato a la Junta, y acompañados ellos por la plana mayor de su partido en León. Mucha liturgia, mucho aplauso sincronizado y un despliegue de palabras que, como los fuegos artificiales, brillaron mucho y alumbraron poco. O nada. No escuché ni una sola promesa concreta para León o para el Bierzo, ya que allí se encontraban. Ni una mísera migaja programática. Ni ese caramelo electoral que antes, al menos, nos daba para entretener la espera eterna mientras se consumía de tanto saborearlo.
Porque hubo un tiempo -qué nostalgia la de los ingenuos- en que nos prometían carreteras que iban a venir, trenes que iban a llegar, grandes fábricas o escuelas de pilotos que, según decían, estaban a la vuelta de la esquina y acabaron perdiéndose en el horizonte como aviones de papel. Algunos hasta lo creímos. Éramos jóvenes. O confiados. O ambas cosas.
Ahora ni eso nos regalan. Hemos pasado de la promesa incumplida al vacío sin disimulo. Del humo al escaparate vacío. Una dieta de adelgazamiento político tan estricta que a León ya no le cae ni un mísero mendrugo en forma de mentirijilla electoral que llevarse a la hambrienta boca: Nada sobre infraestructuras. Nada sobre la sangría demográfica. Nada sobre la brecha digital en nuestros pueblos. Nada sobre prevención de incendios. Nada, en fin, sobre nada que huela mínimamente a León.
Pero no se preocupen: en breve desfilarán los demás con idéntico repertorio. Cambiarán los logotipos, variarán los eslóganes, y rotarán los oradores. La nada, eso sí, permanecerá intacta, firme, transversal, casi consensuada.
Y luego se preguntarán por qué aquí cada vez aplaude menos gente y cada vez somos más los que queremos y pedimos una autonomía leonesa que nos saque de este olvido permanente.