07/12/2022
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Si en parte somos los que fuimos, yo soy un niño que ponía el nacimiento con su abuelo y era feliz. Y seré un padre que ponía el nacimiento con su hijo y era feliz.

Poner el belén, como toda tradición, no deja de ser al mismo tiempo un acto revolucionario. En esta deriva suicida de derroche en la que casi todo no vale más que para un solo uso, usar y tirar, las figuras del belén se guardan y conservan con mimo de año en año, como vasos sagrados, incluso de generación en generación, y de año en año se desvelan. Frente al ritmo frenético de cambio que imponemos a los meses, siempre es emocionante volver a abrir la caja que sin ser cofre guarda ese tesoro y ese aroma a tiempo detenido un año atrás. Es éste un instante, se lo juro, de paz, donde todo se serena, de quietud, de fondo del río en el que lo ocurrido se ha sedimentado y en un abrir las tapas de una caja todo un año se ha hecho poso. Ha pasado otro año. Vamos sacando las figuritas envueltas en hojas de periódicos cuyas noticias, quizás, un año después, algunas incluso de hace muchos años, se puedan comprender mejor ahora que las que acabas de leer por la mañana y que esa misma tarde ya habrán quedado desfasadas.

Poner el belén, como decía arriba, no deja de ser revolucionario pero, así como la revolución es sobre todo incertidumbre, poner el belén, como toda tradición, te regala casi en exclusiva el placer de la certeza, de saber lo que hay que hacer y saberte capaz de poder hacerlo: recrear un mundo encima de un tablero o de una mesa y colocar con orden cada una de las figuras. Aquí el portal con el misterio, a la izquierda la mula, a la derecha el buey, aquí el desierto, sobre esta colina el castillo del malvado Herodes, una cordillera de montañas con harina en las cumbres, unas tiras de papel albal y el río que corre sin moverse, aquí un puente y al lado del puente las lavanderas, por aquí irá el camino, bordeado de musgo y de prados, en el camino algunos pastores, otros siguen en el monte todavía en torno a la hoguera, un ángel les sorprende con la buena nueva, aquí el horno y la panadera, el corral de las gallinas, la posada y los Magos de Oriente acercándose noche a noche, hasta llegar la Noche de Reyes a adorar al Niño.

No sé a ustedes, pero a mí, poner el nacimiento, me hace feliz.

Y la semana que viene, hablaremos de León.
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