Javier Cuesta

Mundo líquido (y 2)

12/07/2026
 Actualizado a 12/07/2026
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De momento, la generación Z de nativos digitales, a la que suponemos ya adaptada a los cambios, demuestra menos rendimiento y capacidad de análisis. Educados en los estímulos de pantallas, videojuegos, redes y tecnologías, los jóvenes se aburren sin esos dispositivos. Ensayos en los que se les bloquean teléfono e internet un tiempo dan como resultado: dormir y leer mejor, más atención, menos depresión, más socialización… Ninguna sorpresa, por otra parte. Centrarse es la única opción para el aprendizaje y además la sobre-información sin cribado supone creer todo, tragar sin pensar, repetir mensajes sin procesarlos.

Por todo lo anterior, y aquí queríamos llegar, el Gobierno se planteó al inicio de este año regular el uso de pantallas y redes para menores de dieciséis años. Y se armó la mundial en ciertos sectores de docentes, partidos políticos y medios. Que si cruzada de Sánchez, que si tentación autoritaria, paternalismo, medida inútil, controlar en vez de responsabilizar, torpeza política… Reacciones de ese calibre, aun siendo decisión razonable, porque claro, ¡es cosa de Sánchez! En cambio, hace año y medio la Comunidad de Madrid, pionera en lo mismo, tomó la medida de prohibir el uso individual de dispositivos digitales en los colegios públicos, y no se preparó ningún ‘jari’ Los que ahora bufan, entonces aplaudían a la presidenta frutera e incluso afeaban al Gobierno que no tomase decisiones en ese sentido, como en otros países europeos. Pero basta que lo quiera poner en marcha el Gobierno para que lo critiquen sus enemigos viscerales, incapaces de aceptar la bondad de lo que huela a sanchismo o progresismo. Ahí están los Arcadis de turno (El Mundo, 15-2-26) pontificando que «el Gobierno prohíbe salir a la calle, porque la calle ahora son las pantallas…»; dice el gran especialista en neurociencia, ese atrevido. 

Lo mismo ocurre con el sistema denominado Hodio, herramienta de rastreo y trazabilidad que permite establecer una ‘Huella de Odio y Polarización’ para evitar bulos, injurias o contenidos falsos u homófobos o xenófobos (¡más de mil mensajes racistas al día registrados en las redes!) Al menos, que el que quiera difamar o insultar no lo haga de forma anónima. Pues también aquí la fachosfera ha puesto el grito en el cielo ¡por algo será! y hablan de veto o iniciativa dictatorial ante una medida necesaria y valiente que trata de identificar a los que lanzan veneno, mentiras o discursos de odio amparándose en el anonimato. Es una medida que no distingue ideologías; el odio es transversal. Y que nada dice de prohibir la crítica, y que no usa términos como multar o castigar sino verbos como detectar, identificar y responsabilizar, sean individuos o plataformas. 

Lo cierto es que redes y grandes plataformas son una bomba con dañino efecto multiplicador, una tasca arrabalera, una fábrica de odio, un tugurio frecuentado mayormente por cafres… pero nosotros siempre apuntamos y disparamos al Presidente. Di que sí.

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