Nacida en Zamora en 1904, Amparo fue pianista, simpatizante de izquierdas, aunque católica practicante. Tras darse a conocer en la vida cultural zamorana, marchó a Madrid empleada de la Telefónica, pero perdió el empleo por participar activamente en la Huelga de la Telefonica de 1931. Para sobrevivir hubo de hacer trabajos de mecanografía e impartir clases de piano. Un par de años después se casó por lo civil con Ramón J. Sender, también de ideología de izquierda, ya entonces afamado periodista y novelista que, con ‘Mister Witt en el cantón’, había obtenido en 1935 el Premio Nacional de Literatura. Al matrimonio, con un niño de dos años (Ramón) y una niña recién nacida (Andrea), les sorprendió el golpe militar de julio de 1936 en San Rafael, un pueblo de la sierra segoviana. Sender decidió pasar a Madrid atravesando la sierra, mientras Amparo prefirió dirigirse con las dos criaturas hacia Zamora donde residía su familia y poder estar así más segura. Como la paloma de Alberti, se equivocaba. En Zamora es denunciada y detenida. Protestaba ante el Gobernador Civil por la detención y asesinato de uno de sus hermanos (Antonio), que junto a su otro hermano (Saturnino), ambos políticos de filiación izquierdista, serían ejecutados extrajudicialmente. A Amparo la encarcelaron junto a su hija Andrea, de siete meses, a la que tenía que dar el pecho. El 11 de octubre de 1936 es fusilada junto a otras dos mujeres en las tapias del cementerio de San Atilano.Tenía 32 años. Las autoridades justificaron la muerte de Antonio y Saturnino por ser «peligrosos comunistas», y la de Amparo, además,«por espía del bando republicano». Los hijos de Amparo, de dos años y ocho meses, respectivamente, fueron recuperados por su padre gracias a la intervención de la Cruz Roja Internacional. Viajaron a Estados Unidos donde fueron acogidos por una familia americana.
Tras la muerte de su padre, RamónSender Barayón vino a Zamora desde los Estados Unidos casi medio siglo después, apenas sabiendo español, a recabar información, entre otras fuentes, de las mujeres que compartieron prisión con su madre. Son testimonios que sobrecogen: mujeres enfermas a las que el médico de la cárcel niega cualquier clase de medicación; criaturas que se mueren de hambre porque sus madres no los pueden amamantar; temperaturas bajo cero; el cemento como único lecho, etc.
Ramon Sender Barayón cuenta en el citado libro ‘Muerte en Zamora’ todo lo que consiguió averiguar sobre la detención, encarcelamiento y asesinato de su madre. «Un día otoñal, a las seis de la tarde, el secretario del administrador de la cárcel, llamado Justo, arrancó a Andrea de los brazos de su madre y con gesto duro y despectivo dijo: Los rojos no tenéis derecho a procrear». Continuará.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.