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Movilizarse por Ceuta y por España

01/09/2026
 Actualizado a 01/09/2026
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Millones de españoles sensatos y sin prejuicios están de acuerdo en que la situación política de España es escandalosa e insostenible y que en cualquier otro lugar del mundo libre se habrían producido numerosas dimisiones, pero en el diccionario español ha desaparecido el verbo dimitir. La aritmética parlamentaria, habida cuenta de que los enemigos de España hoy por hoy forman mayoría absoluta, no permite ningún cambio. Lo normal sería que hubiera un adelanto electoral, pero son mayoría los que no están dispuestos a perder su sustancioso sueldo por no hacer nada. ¿Qué se puede hacer para salir de este atolladero? ¿Salir a la calle? Lo malo es que muchos de los que deberían oír las voces de protesta padecen sordera crónica. Y aguantan cínicamente lo que haga falta.

A diferencia de la izquierda, que siempre es muy dócil a las convocatorias de los suyos, la derecha se cansa pronto. Eso sí, si algún día llegara a gobernar, los ahora anestesiados sindicatos y otros muchos que ahora están callados abarrotarán las calles. Baste como ejemplo el poder de convocatoria de las manifestaciones contra la guerra de Irak, cuando gobernaba la derecha, como si les importara un pimiento a los manifestantes el sufrimiento de los iraquíes. Pero era un buen pretexto para atacar a la derecha. Ahora hay muchas y más crueles guerras y nadie se mueve.

El tema de Ceuta es gravísimo, mucho más de lo que mucha gente imagina. No es solamente una ofensa a la tan pacífica y noble ciudad española, sino a toda España. Lo normal sería que millones de ciudadanos, de derechas y de izquierdas, por supuesto sin utilizar la violencia, salieran a la calle no solo el próximo día dos de septiembre sino hasta que acabe esta penosa situación, aunque solo fuera por sentido de la dignidad. No podemos consentir las humillaciones del tirano de Marruecos al pueblo español y la sumisión no menos humillante de nuestros chantajeados gobernantes. Pero se da la circunstancia de que las dos personas que están al frente de ambas naciones no tienen escrúpulos ni conciencia.

Y no olvidemos que los que llamamos invasores, esos miles de personas sin oficio ni beneficio, en realidad son víctimas vilmente utilizadas. El problema son los dos tiranos y sus serviles colaboradores. Nos vienen ahora a la memoria aquellas manifestaciones multitudinarias pidiendo la libertad de Miguel Ángel Blanco, que acabó siendo asesinado. El asesinato de Ceuta y España no merecería menos movilización constante.

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