No podemos cantar victoria aún con claveles de pasión, como dice la letra de ‘Alma llanera’, pero lo vivido en los últimos días es un hecho tan trascendental como lo fue, por ejemplo, la caída del Muro de Berlín.
Derrocar una dictadura es harto difícil. Hablan ahora diversos sectores de Derecho Internacional, pero lo cierto es que, durante los últimos 26 años, ¿qué hicieron para salvar a Venezuela la ONU, la Otan, la UE, más allá de ofrecer declaraciones institucionales de apoyo que son como darle caramelos a un torturado por la Inquisición? Ya se había intentado liberar Venezuela mediante sanciones, con elecciones, pero nada de eso funcionó, porque una narcodictadura tiene largos tentáculos, ha colonizado instituciones y limpiar y desmontar una a una esas capas de corrupción es complicado, lleva su tiempo, por eso María Corina y Edmundo González no pueden ocupar de facto el papel que por Justicia les corresponde.
Dicen que Trump va por el petróleo. Es obvio que sí, pero es que, desde nuestra mentalidad de país desarrollado, desde nuestro sofá y visión de vida democrática, no podemos ni entender ni juzgar la realidad que sufren todavía muchos países de la América hispana. ¿Quiénes somos nosotros para juzgarlos, para decidir quien debe gobernarlos y cómo? ¿Acaso les importa el petróleo a los ciudadanos de Venezuela? Cierto es que está en su suelo, como el oro y otros minerales y piedras preciosas, pero el pueblo nunca se ha beneficiado de esos tesoros que Maduro regalaba a Irán, Rusia, China o a sus amigos europeos o nacionales. Lo que los venezolanos quieren es recuperar a sus familiares, que se libere a los presos políticos, en resumen, su libertad.
Como dice mi amiga Marie, ¿no hubiésemos querido los españoles un Trump que nos hubiera librado de Franco durante su tiranía? Yo creo que sí, que hay fines que justifican ciertos medios. Hoy, esa paz y esa libertad tan merecidas están más cerca.