Esta primavera fui a ver una exposición muy importante para la ciudad en el Musac, había un cuadro enmarcado en vidrio de una mujer desnuda y una mosca dando vueltas por su cuerpo, aunque en su origen en los años setenta fueron más moscas, las mujeres eran reales y las sedaban para el proceso. Pensé que esto sí que es algo kafkiano para estos tiempos y que la relación personal con una mosca la hemos tenido muchas veces inclusive en ocasiones hasta tener una conversación con ellas, no diría que íntima, pero si visual, y esto me recordó una ‘historia de aquí’ cuando éramos kafkianos sin saber quien era Kafka, aunque el puente de Carlos, su casa y su tumba en Praga eran y son lugares de culto.
Entre los años sesenta y setenta se hicieron clásicas aquellas siestas a eso de las dos de la tarde durante los meses de julio y agosto en plena cosecha de cereal, cuando el campo huele a trigo. Las horas de la siesta son las de máximo calor en el páramo y las olas de calor son habituales desde siempre a estas horas, se cerraba la ventana de la habitación, se ponían los cuarterones e intentar dormir, siempre se dejaba algo abierto un cuarterón para ver un poco, pero siempre se venía un halo de luz con motas de polvo en suspensión y la mosca de las que había de distintos colores y tamaños. Las pequeñas eran la peores de cazar, vuelan rápido y son más jóvenes. Los moscardones eran más pesados, se entretenía más en picar por todos los sitios y sobre todo si pillaban jamones fuera de la mosquera en la despensa, era un festín y atraía a las jóvenes, pero los moscardones eran más fáciles de cazar ya que son más grandes, pesados y con menos reflejos al tener el estómago lleno, se daba un manotazo o con la zapatilla aumentabas el campo de acción. Los ruidos las diferenciaban, el simple aleteo no decía nada, pero el sinfónico de tono grave era augurio de cacería total, siempre buscando la piel, era un banquete cuando encontraba una herida. Estaba entre velado como sedado, como la mujer del cuadro en el musac, abrí los ojos y vi a una mosca mirándome fijamente observándome, me iba a cazar pensé, en ese momento una mosca mayor de color verde reluciente festivo con aleteo sinfónico, se puso delante, no me dio tiempo a sacudirme la mosca en la frente, conseguí un enorme rubor encima de la ceja derecha, del aspaviento de la mano me cargué la lámpara, un vaso que tenía para beber agua que estaba vacío y también me arañe la frente, me levante desaforado, abrí la ventana, me vino un calor inmenso, olor a trigo y más moscas que estaban esperando en la calle. Cerré rápidamente, parecía un enjambre de moscas como una orquesta con el mismo sonido y la directora en la habitación. Abrí la puerta de la habitación, bajé las escaleras salí a la calle y salieron en desfile todas las moscas con la directora a la cabeza, una mosca verde, gorda y henchida de haber pasado por la despensa, me miró y aleteó más fuerte al pasar por delante riéndose. Decidí irme hasta la era a ver trillar y olvidarme de los tipos y sonidos de las moscas por esta siesta. Mañana será otro día para la metamorfosis y cuando pueda y sepa dónde está, volveré a ver la exposición de una mosca recorriendo la anatomía de una mujer sedada desde arriba hasta abajo o puede que sea más de una mosca, Kafka cada día está más presente en los tiempos que corren. Excelente exposición y buen día.