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Monumento al ‘sindivago’

Periodista
04/11/2026
 Actualizado a 04/11/2026
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Entre la pose sabática del peregrino de San Marcos y la contemplativa del ‘divorciado’ de la Plaza de Regla. Con la mano izquierda abierta a limosnas, como la Negrilla. Con la derecha señalando y guardando un puñal, como Guzmán. Al mismo tiempo, de brazos cruzados como el Quijote de Vegazana y trabajando sentado y sin demasiada prisa como el Gaudí de Botines. Un león saliendo de las alcantarillas más para poder respirar que con intenciones de rugir. Las estatuas leonesas parecen una alegoría tras otra de aquello en lo que se ha convertido la acción sindical. Un monumento al ‘sindivago’, a la versión más indolente y acomodada de quienes otrora anteponían la clase obrera a sus propios intereses.

Con las reivindicaciones de la provincia en segundo plano, los principales sindicatos se centran en la huelga general de dentro una semana. Un paro que nace con la contradicción de raíz de plantearse contra la oposición, por nefasta que esta sea y que es, y con las dudas más que razonables de por qué no han encontrado antes argumentos en el auge de contratos a jornada parcial y fijos discontinuos o en el alza del pluriempleo para pagar el alquiler al que se ha asistido en los últimos años.

A los políticos se les critica por sus promesas incumplidas, sus contradicciones, sus privilegios o su alejamiento de la realidad cotidiana, cuestiones todas ellas perfectamente extrapolables a muchos sindicalistas. Sin embargo, a estos no se les examina, no se les piden explicaciones… como si cualquier reproche a su labor pudiera interpretarse como un ataque a unos trabajadores en cuyo nombre tienen el cuajo de hablar. Un descaro que suena tan ridículo y absurdo como cuando la derecha de las puertas giratorias y los mocasines lo hace en nombre de los autónomos y del campo o la izquierda de los puteros y los grandes tenedores se erige portavoz del feminismo o de los inquilinos. 

Hay quien ha convertido la representación sindical en ocupación permanente, perdiendo cualquier contacto con todo cuanto implica fichar cada mañana. La legítima y necesaria labor de la liberación sindical deriva con cierta frecuencia en una posición demasiado cómoda para salir de ella. Esto contribuye a que buena parte de la ciudadanía, de cualquier signo ideológico, contemple a los sindicatos con una mezcla de indiferencia y escepticismo. Por tanto, si hicieran un poco de autocrítica entre tanto otoño caliente igual asumían que es necesario revisar prácticas, renovar liderazgos y demostrar con actos que la representación de los trabajadores no es un fin en sí mismo.

Nadie debería quedar al margen del escrutinio público solo por defender causas justas. Aquella encomiable lucha en las cuencas mineras de la provincia ha ido degenerando en un apesebrado sindicalismo de despacho. A pesar de ello, los sindicatos siguen buscando fuera las razones que explican su pérdida de fuerza y de credibilidad… ¿Qué querían…? ¿Una estatua? ¿Otra más?
 

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