imagen-159544846.jpg

Monotonía de lluvia

30/11/2025
 Actualizado a 30/11/2025
Guardar

"Madre era un encaje de sombras blancas que la luz balanceaba entre las sombras negras del rincón del cuarto. Madre era un cisne de cuello largo deslizándose por la vida con la cabeza gacha. Madre era un cisne de encaje sepia, con permiso para guardar silencio. Padre era el amo de la casa". Así empieza un relato que escribí hace años y que suelo mencionar por estas fechas. Cuatro líneas, un rincón, el contraluz de una cortina de encaje y aclarar de quién es el silencio y de quién la casa. El miedo pende del aire. Suficientes datos para hacer una muesca más en el lado negro y pintar otra mariposa de color malva. Solo cuando ya aletea en lo más alto, alguien del entorno duda si sus ojeras eran una pista y aquel otro gesto, una señal que no supimos interpretar. O quizá su silencio nos lo estuvo contando a gritos y no quisimos oírlo porque nada provoca tanta pereza como los problemas ajenos. Qué difícil de oír, esa violencia silenciosa.

Viendo que a base de instituciones este asunto no se arregla, y como último recurso, quizá la solución más fácil la tengamos en la mano y no hemos hecho uso de ella. Formar nuestro propio batallón de defensa, convertirnos en un ejército de cotillas de patios de luces y de patios escolares, cotillas de acera, vigilantes de nosotras mismas y nuestras ojeras. Y ante la más mínima sospecha, llamar a su puerta pidiendo lo que no necesitamos y clavar la mirada en la suya a ver qué nos cuenta su silencio, por si es ella quien necesita algo. 

Y si tropezamos en la calle, detenerla suavemente, no vaya a asustarse, y  allí mismo peguntar a bocajarro qué miedo es ese que le ha crecido en los ojos. Decirle que nos importa un bledo lo de su colesterol, que nos preocupa más la tristeza que arrastra desde hace tiempo. Quizá esa mujer no engrose la lista de mariposas porque encontró una mano a la que aferrarse, cuando no contaba con nadie.

Esto de escribir sobre hechos de la semana anterior es como la pesca de arrastre y a veces, al ritmo que llevamos, resulta casi remoto lo ocurrido hace cinco días. Pero en este caso no, porque el ¡Basta ya! de violencia contra las mujeres no es cosa del 25N. Una violencia cada vez más joven, cada vez más niña, cada vez más anciana, cada vez más violenta. 

Como cada 25 de noviembre, Minerva, Teresa y Patria Mirabal mueren asesinadas por la dictadura de Trujillo. Mueren cada año por ser valientes, por defender sus ideas y cuestionar públicamente las injusticias de una dictadura. Mueren cada año, desde 1960, para que quede constancia de la cobardía de un dictador, rechazado por una de ellas, con poder para levantar un miserable dedo y ordenar la muerte de tres jóvenes hermanas. Tres Mariposas, que ese fue su nombre en la clandestinidad, convirtiendo a la Mariposa en icono sobrevolando el mundo y símbolo de resistencia feminista ante cualquier tipo de violencia contra la mujer. Contra toda. La escondida tras los visillos, encubierta por tapetes de ganchillo y silencio. La que mata en plena calle, al fondo del callejón, en la esquina de los patios y en las sombras de los portales. Mariposas. Mujeres que si reciben este nombre, es que ya no sienten miedo. Año 2025 d.C. Siglo XXI. Cuesta creerlo. La historia de las hermanas Mirabal regresa cada año y cada año se mezcla, por cuestión de fecha, con Romualdo recitando en `La lengua de las mariposas´ y  la lluvia de Machado deslizándose por los cristales, simbolizando lo repetitivo, hasta que el maestro pregunta qué significa `monotonía de lluvia´. Y el niño responde «Que llueve después de llover, don Gregorio».    

Tanto subyuga la historia de estas tres mujeres que, por un momento, crees verlas venir por el fondo de la calle, alzando la voz contra las injusticias de una dictadura. Pero no. No son ellas. Es una marcha por las calles de Madrid. Van todos vestidos de negro, con un brazo en alto, haciendo el saludo fascista. Una joven a la que preguntan, responde "tenemos que aprender a mirar de forma objetiva los hechos históricos y no simplemente creernos el relato oficial". Y uno se pregunta qué relato ha oído esta gente, de qué mundo vienen y qué libro de historia tuvieron. En este momento, es imperativo que regresen el maestro de Moncho y Romualdo, el que castigaba a los alumnos con su silencio. O el que prometió el mar a los suyos. Que alguien explique a esa banda que quiere conocer de primera mano lo que es una dictadura, dónde acabaron aquellos maestros, dejando ambos una promesa pendiente y un puñado de niños viendo cómo se los llevaban a un lugar sin retorno. 

Niños asustados, hoy padres y abuelos, ocultando su admiración por el maestro, con una dictadura rodándoles por la cara, como la lluvia de Machado por los cristales de la escuela. Un sistema bajo yugo, tan letal como el que mató a Las Mariposas. Los que ya vimos todas las películas, sabemos que `monotonía de lluvia´ significa "Que llueve después de llover, don Gregorio". Y no nos apetece que se repita esa tormenta. 
Como cada año: Feliz día, Maestros. Gracias.
 

Archivado en
Lo más leído