La prensa se ha hecho eco de la noticia de que el Gobierno ha dado un ultimátum al ayuntamiento de Castrocontrigo para retirar un monolito franquista que se considera contrario a la Ley de la Memoria Histórica. Castrocontrigo es mi municipio, pero no es mí pueblo. Si fuera mi pueblo, opinaría que se reconvirtiera la obra hacia otro simbolismo distinto al originario, antes que derribarla sin más. Desconozco los motivos por los cuales el alcalde, leonesista desde hace unas legislaturas, no ha aplicado la Ley, que bien se la habrá recordado el secretario municipal, salvo que sea por el choque que supone que un alcalde, vecino del pueblo de Nogarejas, derribe el monumento de la Plaza Mayor de Castrocontrigo, con la rivalidad que siempre ha habido entre ambas localidades vecinas. En otros tiempos, no tan lejanos, no hubiera sido una decisión municipal fácil de tomar y mucho menos de ejecutar.
Mi recuerdo de ese monumento es de cuando tenía siete u ocho años y por vez primera, perfectamente formados en filas de a dos, nos llevaron a todos los niños y niñas del colegio a un acto cuyo motivo no recuerdo, pero que podía ser San Isidro, patrono de los agricultores. Digo eso porque quien hacía de maestro de ceremonias era el secretario, y en su caso también el presidente, de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos de Castrocontrigo. Nunca entendí de qué iba la cosa, ni me lo planteé, pero mano en alto canté el ‘Cara al sol’, como todos, año tras año, entre vivas a España y a Franco. Nos comíamos las galletas, y de vuelta al colegio. No recuerdo que a ninguno de mis maestros, excelentes todos y de los que tengo magníficos recuerdos, le salieran sarpullidos por situaciones como la descrita. Tampoco dudo que todos ellos abrazaron con entusiasmo la democracia, y que se posicionaron en diferentes opciones políticas, por muy franquistas que parecieran cuando nos mandaron rezar por las obligaciones del Caudillo el día de su fallecimiento, previo a suspenderse las clases para los días de duelo nacional. Y memorizar su «testamento político».
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