Tener más peligro que un mono con dos pistolas es una expresión popular española que describe a alguien sumamente imprevisible, impulsivo o peligroso, como un macaco al que se le suministran dos armas cargadas con las que puede disparar. Esto viene a cuento en el contexto político actual para resaltar a alguien que, además de lo adjetivado, es un ser todopoderoso que dispone, para ecuménica preocupante realidad, hegemonía armamentística, de tal capacidad de estrago que resulta imposible saber su alcance destructivo.
El personaje en cuestión se caracteriza en su mandato por la vulneración y ataques generalizados de derechos humanos contra poderes de una gobernanza democrática y responsable, tal y como ha señalado en su Informe Mundial 2026 Human Rights Watch (HRW), una organización no gubernamental dedicada a la investigación, defensa y promoción de los derechos humanos. Lo cual indica que el país bajo su mandato ha caído en una peligrosa deriva hacia el autoritarismo, tendencia en la que la impunidad frente a abusos graves no va ir en descenso sino en crecimiento. Ante la amenaza que supone para el sistema de derechos humanos la administración que dirige este personaje, unida en afán de dominio con alguna otra potencia atómica mundial, uno opina que ello debería movilizar a las democracias que respetan los derechos y a la sociedad civil a construir una alianza estratégica para defender las libertades fundamentales, cosa que, por el momento, no solo está por ver, sino por prever.
El actual mandatario a quien me refiero queda dicho que está marcado por un ataque implacable y generalizado contra los derechos y libertades. La administración que rige no solo manda desmantelar protecciones arduamente conquistadas en las últimas décadas; está destruyendo pilares esenciales de la democracia de su propio país. A tal efecto, ha iniciado una campaña brutal y de gran alcance de redadas migratorias y detenciones masivas, con amplios despliegues federales que han atemorizado a comunidades de emigrantes a lo largo y ancho de su asentamiento. A ello se añade el emprendimiento de amplios esfuerzos para socavar la rendición de cuentas gubernamentales, desmantelando protecciones de derechos civiles y otros mecanismos antidiscriminación, amenazando a organizaciones de la sociedad civil con investigaciones penales infundadas y la retirada por motivos políticos de su status, tal como es el caso de entidades benéficas.
En el ámbito internacional, la política exterior que dirige este mandamás también está marcada por un desprecio descarado hacia sus obligaciones en materia de derechos humanos y por un giro marcado en contra de que la diplomacia propia priorice seriamente la promoción de los derechos comprendidos en instituciones tales como la Organización Mundial de la Salud o el Acuerdo de París sobre el cambio climático.
A estos apuntados datos, añado que quien protagoniza todo lo antedicho en esta página de opinión es promotor de los ataques militares letales e ilegales contra pequeñas embarcaciones en un mar de zonas cercanas a sus costas, causando la muerte de decenas de personas en un desafío fragrante del derecho internacional.
En resumen, un tipo más bellaco y con más morro que las puertas de Chamorro; un fulano de Villanueva de los Infantes que remendó las puertas tantas veces que dio ocasión a hacer un refrán por comparación de malas. Y malo es quien sin motivo ni razón ataca, mata y destruye.