Entre los leoneses que han pasado a formar parte de la historia se encuentra uno de los grandes exponentes del judaísmo, el rabino y filósofo –y una de las figuras principales de la Cábala, la mística judía– Mosé ben Sem Tob de León, Moisés de León. Nació –en el seno de una familia asentada en la judería leonesa desde mediados del siglo XI–, según algunos estudiosos, en 1250 –se cumplen, por tanto, 775 años en 2025–, aunque otros lo adelantan una década. También hay quien lo sitúa, no en León, sino en Guadalajara; ciudad en la que, eso sí, vivirá un tiempo, como también en otras, entre ellas Ávila. Falleció en 1305 en Arévalo, a donde se había trasladado para encontrarse con otro teólogo hebreo.
Moisés de León se interesó desde joven por la religión y por la filosofía, adentrándose cada vez más en su estudio. De hecho, dedicó no pocos esfuerzos a contactar con otros cabalistas de distintas corrientes, conociendo así diferentes puntos de vista; y no huyó del debate en torno a la fe y la razón, tan propio de los intelectuales de su tiempo. Fue un hombre respetado, no solo en el judaísmo, sino también por cristianos y musulmanes.
Escribió unas veinticuatro obras –buena parte, hoy perdidas– de gran relevancia para el judaísmo, entre las que destaca el ‘Zohar’ –o ‘Libro del Esplendor’–, texto fundamental de la Cábala; aunque hay quien considera que Moisés de León no fue su autor, sino un recopilador –habría sido escrito allá por el siglo II por un prestigioso rabino de esa época, Shimon bar Yojai– al que habría añadido distintas aportaciones. Escrito en la década de 1280 en arameo, combina poesía, prosa y diálogos para profundizar en la Torá –principal texto sagrado del judaísmo, formado por los cinco primeros libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio– desde un punto de vista místico, en el que aborda la relación entre Dios y las personas, buscando entender la naturaleza divina y la del alma humana, o la estructura del universo. Ahí es nada…