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El ministro piante

26/07/2026
 Actualizado a 26/07/2026
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En el rico –que no académico- lenguaje popular un ‘piante’ es aquel (o aquella) que, por un narcisismo superficial o de escaso fuste, suele hablar más de la cuenta y sin sentido alguno. Le dan igual las barbaridades y tonterías que señale, en qué contexto y de qué forma. Que sean de carácter menor o mayor se la trae al fresco. Le resbala. El piante, en fin, es una especie, y no precisamente en extinción, que abunda en círculos concretos como el político. 

En el Gobierno de España hay un piador que se lleva la palma. Y utiliza los dos medios, el hablado y el escrito, para estar en el ‘candelabro’, expresión esta que puso en boga la guapa Sofía Mazagatos –fue miss, actriz (?) y modelo- allá a principios de siglo. La criticaron por ello –fue diana de mofa y befa generalizadas- y, sin embargo, hubo intelectuales que la apoyaron. Al fin y al cabo, más o menos, el candelabro sirve para lo mismo que el candelero y pelillos a la mar.

Por tanto, entre la cayena de la plana gubernamental del ‘amo’ Sánchez destaca, muy por encima, el piri piri del ministro Puente, quien hasta hace cuatro días como aquel que dice, era el jefe municipal de Valladolid y tenía en el entrecejo a la ciudad de León. Los desencuentros entre el alcalde de la capital leonesa y el por entonces regidor castellano eran como bombas de racimo y siempre sobre el mismo campo de batalla: los privilegios que conseguía -y consigue- la también llamada Pucela, y la dejación continuada y premeditada que sufre el viejo Reino. En cualquiera de los supuestos, aquella fue la época ‘dulce’ de un Óscar Puente ambicioso y polémico, dispuesto a muchas cosas con tal de irrumpir en el panorama nacional. Era su obsesión. Y el ‘amo’ Sánchez, en el Congreso de los Diputados, le dio la alternativa como ‘ponente replicante’ en el enconado debate de investidura en septiembre del 23. A partir de ahí, y con su ingreso en el Consejo de Ministros, se armó la ‘chingaripé’. 

Entre sus famosos exabruptos tuiteros –el viernes soltaba uno sobre los incendios que asolan al país- los hay que destacan por su aspereza. Y por atentar contra la intimidad de las personas. La fijación con Díaz Ayuso –en este caso colectiva por parte del Ejecutivo- no parece tener límites. Puente, muy en su línea de incontinencia verbal desinhibida, definió al novio de la madrileña como «testaferro con derecho a roce», una acusación que en realidad, y dado el cariz de cuanto se viene sustanciando, vino a llamarla delincuente. Y eso son palabras mayores. En política no todo vale, por mucho que los propios políticos se empeñen en lo contrario. Otro de los asuntos delicados lo protagonizó en mayo de 2024, al insinuar de manera desafortunada que el ‘motoserrista’ y mandatario argentino Javier Milei consumía sustancias tóxicas (drogas, en lenguaje común). Luego, por prescripción facultativa ‘especializada’ (léase Sánchez y camarilla) admitió haberse equivocado y, como se dice ahora, recogió cable. En resumen, que el que la pía mucho, mucho yerra, y Puente, en este sentido, lleva como penitencia una antigua mochila de piante, inmanejable y estratosférica.

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