Jorge Brugos

Miguel Ángel Revilla y el leonesismo

17/08/2026
 Actualizado a 17/08/2026
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Me persiguen mis raíces leonesas. Al igual que la raíz ata a los árboles al suelo evitando que estos salten por los aires con el mínimo próspero viento, el germen leonés me visita cada poco tiempo. No hay sitio al que vaya en el que no me tope con alguien que tenga alguna vinculación con nuestra tierrina. Mi novia suele decir que todo el mundo es de León. Lo parece. La providencia revela en mi cotidianeidad a diferentes paisanos palpitantes de un testimonio común. A veces siento que estoy en una partida del juego de perfectos desconocidos. 

Conocí a Miguel Ángel Revilla. Le dije que era de León y en cuánto desvelé mi personalidad oriunda me dijo que su mujer era de El Bierzo. Una vez más me acordé de aquello que dice Iván Redondo en su manual de que la vida son círculos. 

No les voy a negar que cuando concerté el encuentro con el expresidente cántabro, tuve miedo de que se me cayera el mito, de que aquel hombre que tanto he leído y escuchado fuera muy distinto a su personaje: no tiene un alter ego. Me ha pasado muchas veces que al conocer a alguien relevante, cuando les conocí, me defraudaron. Me pasó con mi columnista de cabecera. 

Tras pasar un rato con él, dejé de leerlo. Al conocer a Revilla, me ha ocurrido todo lo contrario, me dan ganas de robarle tiempo al tiempo para que hubieran pasado los años y este señor se pudiera presentar a unas elecciones in eternum. 

Hablamos del leonesismo, de la injusticia que había sido el descarte autonómico de la región leonesa. Me sorprendió escuchar a un político hablando de ideas políticamente incorrectas. Era como en la tele. Solo faltaban las hormigas. 

Eso quizá es lo que le haga falta al movimiento emancipador leonés, trabajar con un plan claro como el de un hormiguero.
 

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