La frase «Si sale algo, avísame», creo que es una de las que más he escuchado entre la gente de mi edad últimamente. Da igual que ese «algo» sea un trabajo, un proyecto, una sustitución, poner copas un sábado para una boda o viajar a León, porque ha aparecido una oportunidad. Lo importante nunca ha sido el qué, lo importante era no quedarse quieto. Siempre pensé que el «mientras tanto» era una sala de espera, un lugar de paso entre el presente y esa vida estable que, supuestamente, llegaría algún día. Un contrato fijo. Una casa. Un sueldo suficiente. La sensación de haber llegado. Pero miro a mi alrededor y cada vez tengo más dudas.
Pienso en varios amigos, uno que llegó a tener en cierto modo esa situación que todo el mundo busca o más bien que nos han enseñado a buscar, esa promesa de ‘estabilidad’ que siempre nos vendieron; casa, coche y un trabajo fijo. Pero lejos de ello, se lanzó a la piscina y se hizo autónomo. Empezó su propio proyecto sin tener la certeza de que le fuera bien, al mismo tiempo que lo compaginaba con otras actividades a modo de ‘extra’ al final del mes y no por falta de dinero, sino por no quedarse quieto. Porque detrás no solo había inversión; también había sudor y muchos dolores de cabeza. Otro tuvo que dejar Ponferrada porque una oportunidad apareció en León y decir «no» nunca fue una opción. Otros montan un proyecto propio sin saber si dentro de seis meses seguirá existiendo o se agarran a ese «si sale algo, avísame».
Durante mucho tiempo se ha dicho que los jóvenes somos impacientes. Yo creo que no. Lo que pasa es que casi nadie tiene ya un plan B. Tenemos un plan A que cambia constantemente y si no funciona, aparece el B, luego el C y después el D. Y cuando se acaban las letras, volvemos a empezar. No porque nos guste vivir así, sino porque quedarse quieto se ha convertido en el mayor riesgo.
¿Nos equivocamos? Claro que lo hacemos, cerramos proyectos y etapas, cambiamos de ideas y volvemos a empezar. Hemos aprendido algo que quizá nos define mejor; no tenemos miedo a equivocarnos, tenemos miedo a quedarnos quietos. Por eso también cuesta responder cuando alguien pregunta: «¿A qué te dedicas?». La respuesta ya no es una sola, es «depende». Depende del día, del mes o de la oportunidad que haya aparecido. No porque seamos inconstantes, sino porque la estabilidad dejó de ser un punto de partida para convertirse en un objetivo.
Quizá seguimos diciendo «si sale algo» porque creemos que todavía estamos esperando nuestro momento. Lo curioso es que, mientras lo seguimos esperando, la vida irá pasando. Y, sin darnos cuenta, la hemos construido mientras tanto.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.