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Mi primera vez con el CIS

08/11/2025
 Actualizado a 08/11/2025
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Y 47 años después Tezanos me llamó. Bueno, en honor a la verdad, no me llamó el mismísimo Tezanos, más que nada porque la voz que me habló al otro lado del teléfono era femenina. Pero sí, a mis 47 primaveras recibí mi primera llamada del CIS. Vamos, que a media tarde y sin esperarlo, perdí la virginidad como encuestado por el Centro de Investigaciones Sociológicas. Ahora puedo confirmar que, al menos, el CIS llama a gente anónima para hacerle un sesudo cuestionario. Lo que no puedo garantizar es que las respuestas se traten de manera ética e independiente.

Cuando la entrevistadora me dijo que la conversación duraría alrededor de diez minutos, no lo dudé. Poco tiempo me parece para conseguir llevarme al éxtasis, y tengo que reconocer que yo, al menos, disfruté. Para que luego digan que la primera vez no se goza tanto como uno espera. Casualidades de la vida, cuando recibí la llamada estaba trabajando delante del ordenador, así que, tras los primeros tonteos entre ambos, puse el altavoz para tener las manos libres y escribir todo lo que pasaría durante este inesperado encuentro. No podía permitirme el lujo de confiar todo a mi memoria en un momento tan importante para un ciudadano.

Una vez respondí, como en un interrogatorio y sin faltar a la verdad, a diversas preguntas sobre edad, sexo, nacionalidad, profesión, lugar de nacimiento o ingresos económicos, pasamos a la segunda fase. En este punto tengo que reconocer que dudé de si no sería víctima de una broma telefónica. Yo, que estaba nervioso por un posible gatillazo, me descuadré por completo con las primeras cuestiones que me planteaban. Y sí, en ese mismo instante me despojé de las dudas iniciales y me tomé la licencia de trolear con mis respuestas a la mujer que me preguntó si me preocupaban el cambio climático, la invasión de Rusia y la guerra en Oriente Medio.

Continuó preguntándome si tenía una buena capacidad económica y mi opinión sobre la situación general de la economía en España. Y, una vez disfrutados los preliminares, nos desfogamos. Me preguntó sobre los problemas más graves que pensaba que tenía España, mi valoración sobre los líderes políticos, a quién voté en las anteriores elecciones y a quién votaría en las próximas.

Lo que hubiera dado por ver la cara de la mujer del CIS cuando escuchaba mis respuestas. La única duda que me surge es si, al haber respondido lo contrario de lo que pensaba, cuando el chef Tezanos cocine los resultados, mis respuestas seguirán sabiendo a mentira canallesca o, gracias a sus dotes culinarias, adquirirán un sabor bastante cercano a mi realidad.

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