Tengo cinco carpetas de diferentes colores en un armario de mi habitación etiquetadas con los temas que me apasionan: la inversión financiera, el comportamiento humano, la ética, la espiritualidad y la escritura. En cada una de ellas voy archivando resúmenes de libros y artículos, entrevistas que he recortado de cualquier sitio, apuntes sobre enlaces de páginas webs o nombres de ‘podcasts’ que me han resultado curiosos, me han abierto los ojos o incluso que me han generado perplejidad: «¡Ahí hay algo! ¡Tengo que investigarlo!». En esta nueva etapa de mi vida, más pausada, más intelectual y menos enfocada al asesoramiento financiero, quiero compartir con los lectores de LNC el material con el que voy enriqueciendo día a día mi carpeta roja de Escritura.
Desde ahora –de pensarlo, decirlo y publicarlo me emociono– voy a escribir casi siempre de escritura y de manera sistemática. Y lo hago, sobre todo, por egoísmo, porque con este compromiso semanal me obligo a evolucionar, a estar al día: comparto la opinión de quien dice que la mejor manera de aprender es enseñando. Como hace veintiséis años, cuando en el verano de 1999 impartí diversos cursos de inversión financiera antes de iniciar de manera oficial la andadura de Renta 4 en León. Por otra parte, escribir es un oficio que requiere –además de buena lectura– formación: conocimientos de técnicas narrativas. Y práctica. Hace algo más de diez años, cuando empecé a tomarme en serio la escritura, participé en varios talleres. Y lo principal que aprendí es la conveniencia, en mí necesidad, de una rutina diaria: el compromiso interior ajeno a las circunstancias exteriores. Así, publico, colaboro y ando siempre más que entretenido con nuevos proyectos literarios. Práctica, práctica, práctica: escribir y reescribir. Pero también formación: de ahí mi carpeta roja de Escritura. ¡Veamos juntos qué tesoros esconde!