Javier Fernandez

La mentira del fútbol

14/10/2026
 Actualizado a 14/10/2026
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Hace unos días se hizo viral un corte de la rueda de prensa de Mehdi Nafti en el que opinaba sobre «la mentira del fútbol». Venía a ser una crítica al resultadismo en el que vivimos los aficionados, la prensa, los clubes... el universo del deporte en general, y aprovechó para incluir su gusto personal dentro de esa mentira, su preferencia por esos partidos en los que el espectador neutral promedio decide cambiar de canal. Lo que fue una reflexión compartida de forma positiva desde Zamora, Valladolid, Córdoba y hasta Rumanía, con mensajes del estilo de «clase magistral», «necesitamos a este hombre», o «extraño ver tanta honestidad», me llamó poderosamente la atención que, en su propia casa, muchas reacciones fueron bien distintas.

Por poner en contexto: la Deportiva venía de ganar 1-0 a un favorito al ascenso como el Mirandés en un partido en el que marcó gol pronto y supo administrar la ventaja, pudiendo incluso ampliarla y sin recibir ni medio «¡uy!». Con ese triunfo, el equipo se instalaba en el play-off y confirmaba un buen comienzo de campaña pese a contar con dos decenas de caras nuevas, recibiendo el aplauso de múltiples aficiones —excepto de algunas víctimas en el césped, claro está—. Todo maravilloso, ¿no? Pues para la afición de la Deportiva se ve que no era suficiente.

Una parte de la hinchada, además de resultados, exige un modo concreto de llegar a ellos. Se le ha puesto el paladar fino, fíjate tú. Seguramente no recordarán cuando, en tiempos de Jon Pérez Bolo, del mismo modo se achacaba continuamente un fútbol feo, aburrido, a verlas venir. Hasta que se fue y llegó José Gomes, aquel Guardiola a la portuguesa con el que ese equipo cagón iba a empezar por fin a jugar como los ángeles. Duró hasta noviembre y aquello terminó en descenso.

Quizá recordar esto requiera demasiada memoria, pero seguro que de hace unos meses nos acordamos todos. Sí, de ese milagro que consumó Nafti jugando feo, aburrido y a verlas venir. De aquel equipo que estaba en descenso, totalmente desahuciado, y que terminó conectando con toda la comarca e ilusionándola con el ascenso. Volviendo al resultadismo de esa «mentira del fútbol», a mí qué coño me importa si juega con un estilo o con otro mientras haga funcionar al equipo. Y es irrebatible que su balance aquí es notable en cuanto a resultados, incluso con sus ‘debes’, como el despilfarro del gol de Slavy o la falta de respuesta cuando se cae el plan A.

Otra mentira del fútbol es creer que existe una única manera decente y digna de ganar. Y, mientras se gane, prefiero discutir sobre cómo mejorar lo que funciona antes que despreciarlo porque no se parece al fútbol que cada uno lleva en su cabeza. Porque si ni siquiera ganar sirve para convencer a algunos, quizá el problema no sea cómo juega la Deportiva, sino lo que le exigimos.

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