Barcelona, sábado. Sin más razones que el odio y la intolerancia, dos colaboradoras de ‘Barcelona con la Selección’ son agredidas por cinco individuos que también destrozan la carpa en que promocionaban a la selección nacional de fútbol. Presuntamente uno de los violentos es un tal Oriol FCB, tal que se hace llamar en su perfil de Facebook. Un patriota catalán vinculado a la CUP del distrito de Gracia.
Ya ven, ahora que parece acabada la lacra del terrorismo que durante años practicara la banda terrorista ETA, ahora que se ha callado la humeante dialéctica de sus, decían, patrióticas pistolas; ahora, de la mano de otras patrias y esencias, parece resurgir en esta España la vieja dialéctica de los puños. No creo poder decir, como tantos mantienen, lo de la ‘España cainita’, ya que, materialista y poco amigo de etiquetas y aún más si éstas son genéricas y por tanto tópicas, así como por quitarle sentido bíblico al eslogan y no meterse con los divinos designios –que luego le dicen a uno anticlerical por tan sólo ser laico–, uno simplemente tiene a los especimenes protagonistas de tales brutalidades por eso, por, digamos en coloquial, tarugos y zopencos poco habituados, si acaso algo, al uso del propio raciocinio. Y ya se sabe que el cerebro es un órgano que, como cualquier otro, si no se usa, se atrofia. Es lo peor de los nacionalismos, de las patrias y sus esencias, de las grandes fes, que alimentan las pasiones y embotan el intelecto mermando la capacidad de ejercitar la única dialéctica posible y admisible en libertad, la que bien define nuestro académico mataburros como «arte de dialogar, argumentar y discutir». Claro que para bien practicar este arte frente a tanto torpe ha de recordarse siempre a don Miguel de Unamuno y su «venceréis pero no convenceréis» para así, lograr, aun lenta y pacíficamente, el propósito de convencer. ¡Haya más dialéctica y menos espíritu nacional!
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