Tranquilidad. No voy a escribir de la patriotísima mañana de domingo allá donde el chotis es típico. Y no lo hago, porque aun cuando me asquea que tantas voces populares -amén de sus coces- hagan borrón y cuenta nueva, perseveren en su amnesia, y continúen con sus arremetidas contra Pedro Sánchez a fin de derrocar el legitimo Gobierno de la nación, también es verdad que con respecto a éste y al partido mayoritario que lo sustenta tengo peros y dudas, como los tuve y tengo en relación al hoy, aparentemente extinto, bipartidismo; para mí, principal responsable, digamos a pachas, de la extendida corrupción política, que, digo de nuevo, me escandaliza sobremanera cuando se produce en la izquierda, porque soy de los que, con Gabriel Rufián, piensa que “la izquierda no puede robar”. Y no entro al “y tú más” a que nos quieren acostumbrar PP y PSOE, porque somos todos los que pagamos lo afanado por unos y lo robado por otros.
Así pues, sigo con lo que hoy me mueve y llamo “memoria y presente dolientes”. Porque sí, uno es de los que, por muchas memorias, celebra el cincuentenario de aquel 20N, de aquel punto aparte, pero también, por otras muchas memorias de estos cincuenta años, lamento muchos puntos seguido y muchos puntos suspensivos habidos hasta hoy. Tantos que, a veces, no sin dolor, me pregunto si era este teatral montaje, reducido a “fiestas de la democracia” con sus urnas y exacerbadas campañas a golpe argumentario y promesa falaz, por lo que tanta gente, perdón, tantas honradas personas de diversa ideología democrática se la jugaron, antes y después del citado punto aparte, en universidades, tajos, fábricas, cuarteles y despachos, por propia o ajena cuenta. Para mí, conste que no, que no era esto; que en muchas cosas picamos de ingenuos y crédulos, ya que pronto afloraron los tapados de todo tipo que a lo que iban y van era y es a lo suyo, a lo particular, a la pasta gansa, fieles tan solo al “money is money”, convirtiendo su responsabilidad pública -con permiso de Liza Minnelli y Joel Grey y respeto al vivir noctámbulo- en un cabaré de la peor estofa y calaña.
Y para colmo, no de desencanto y vergüenza ajena, sino de exigente resistencia, nos llega el rey demérito publicitando ¿su? libro. Solo espero que la Agencia Tributaria le embargue los derechos de autor; y se desarticula la primera célula terrorista neonazi. Habrá que seguir a por las durmientes que, mucho me temo, que haberlas, haylas. ¡Ay memoria y presente dolientes! ¡Ay democracia! ¡Ay Libertad!
¡Salud!, y buena semana hagamos.