Secundino

Memoria final de curso

26/06/2025
 Actualizado a 26/06/2025
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Hemos llegado a los últimos días del curso. Yo recuerdo mis finales de curso ‘enredado’ con la Memoria. Es necesario repasar todo lo que hemos hecho en el año, porque lo que no se evalúa se devalúa. Es verdad que es totalmente necesario examinar y evaluar todas las actuaciones realizadas a lo largo del curso para mejorar lo mejorable. La Programación General del siguiente curso debe basarse en el análisis realizado en la Memoria Final del curso anterior. La Inspección nos pedía que analizásemos y valorásemos minuciosamente todos los programas, las actividades extraescolares y los resultados académicos obtenidos en el curso. Todo ello por escrito y después de ser evaluado y debatido en el Claustro de profesores y en el Consejo Escolar. 

También quiero escribir hoy la Memoria Final. Son muchos artículos a lo largo de un curso tratando de analizar y opinar sobre la situación de la educación en España. Seguiré el modelo o la dirección marcada por Andrés Amorós en EL DEBATE comentando «los disparates educativos, presuntamente progresistas, que nos conducen al desastre». Amorós destacaba 25 disparates, yo lo resumiré en dos:

1º. ‘Educación con fines partidistas’. Parece que se está desvirtuando completamente la función primordial de la educación: enseñar y educar. Lo importante hoy es formar ciudadanos incapaces de tener criterio propio, con la finalidad de asegurarse la permanencia en el poder. Partimos de la Ley Orgánica de Educación (Lomloe), la única que no permitió a la comunidad educativa participar en los debates previos y pasó el rodillo por encima de todas las votaciones de enmiendas. Este modo de funcionar parece más propio de una república tercermundista que de una democracia seria. Los padres, al menos los padres responsables, pretenden que sus hijos estén preparados para afrontar el futuro, pero lo que se encuentran es la implantación de un modelo que facilite el adoctrinamiento y la transmisión de una ideología. Los reales decretos de Primaria, la ESO y el Bachillerato contienen una fuerte dosis de sectarismo. Así, en Primaria las Matemáticas se imparten con sentido socioemocional y perspectiva de género. En la ESO se permite a los alumnos pasar de curso y obtener el título de graduado en ESO con asignaturas suspensas. En Bachillerato, se podrá obtener el título con un suspenso. Se instaura un sistema simplón, insustancial y ‘buenista’ y se busca adoctrinar a los jóvenes para que cuando les toque votar, no se equivoquen y elijan la papeleta correcta. Se desprecia la exigencia, el esfuerzo, el afán de superación y está mal visto entre los alumnos destacar y tener deseos de aprender. Se desprecia la autoridad del profesor y se fomenta el autoaprendizaje del alumno, según sus apetencias o las modas del momento. Ahora nos han llegado las calificaciones de Europa: los indicadores de la OCDE 2024. Ese informe analiza los sistemas educativos de los países que pertenecen a este organismo. Los resultados son preocupantes. Actualmente, España lidera en la UE el porcentaje de jóvenes que no siguen estudiando tras la ESO (26 por ciento, frente al 12 de la UE). En España, el número de jóvenes que ni estudian ni trabajan (los famosos Ninis) es del 18 por ciento frente al 13 de la media de la UE. Es verdad que será difícil salir de ese precipicio, pero no deberíamos caer en el derrotismo o el pesimismo. Merece la pena seguir trabajando por una educación mejor, ya que nos encontramos ante un asunto vital para la sociedad del mañana. Por este motivo, debemos repensar lo que estamos transmitiendo a las generaciones venideras. Si logramos ofrecer una educación de calidad, nuestros jóvenes y las futuras generaciones nos lo agradecerán. Deberíamos empezar por un ‘no’ rotundo a la Educación con fines partidistas.

2º. ‘El respeto y el esfuerzo son la clave del éxito’. Con ese lema nos presentamos en el XXII Encuentro de consejos escolares autonómicos y del Estado, que se desarrolló el 8 de mayo de 2014 en Oviedo, el IES Lancia fue condecorado como ‘La mejor escuela de éxito de España’. Han pasado sólo 10 años. Parece que estamos hablando de la prehistoria. El título ‘respeto y esfuerzo’, del que estábamos tan orgullosos, ya parece anticuado, obsoleto y arcaico. Hoy triunfa el desprecio de la cultura del esfuerzo y sentimos horror por el trabajo. Es un error garrafal: sin esfuerzo, ni los individuos aprenden nada ni los pueblos consiguen algo valioso. Lo resume un refrán: «Pereza es llave de pobreza». No creo que ese pueda ser un ideal progresista.

El aprobado general es injusto, porque iguala a los que trabajan con los vagos. Desanima a todos y se pierde el estímulo. ¿Para qué esforzarse, si el resultado final será idéntico? El colmo ya es querer hacer que las becas dependan sólo de la situación económica, no del rendimiento escolar. ¿Dónde se ha visto premiar al que no se ha esforzado? ¿Cómo se puede dar la recompensa al que no ha trabajado? En la Memoria Final debe constar lo bueno y lo mejorable.

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