Se llamaba Amabilia. Era de Cuadros. Cuando la conocí, tenía ochenta y un años. Estaba en una calle que subía a la iglesia. La abordé para preguntarle por leyendas que, de tradición oral, se conocieran en su pueblo.
Era vivaz. Conocía la cultura tradicional y campesina de su pueblo. Y me contó leyendas. Ahora, cuando repaso mi libro sobre ‘Leyendas de tradición oral en la provincia de León’ (2011), advierto que la entrevisté el 16 de septiembre de 2004.
Me hablaba –entre otras transmisiones del imaginario leyendístico– sobre un caldero de oro enterrado por los moros, «ahí, en la fuente San Martino» (donde creo que hubo también una antigua ermita bajo tal advocación), que había de ser «sacado con la reja del arado». También me habló sobre Villalbura, una localidad desaparecida.
Entre mis papeles y archivos, advierto hoy que esta mujer de Cuadros me transmitió también otro tipo de tradiciones, como refranes, por ejemplo; además de contarme no pocos aspectos sobre la vida tradicional de su pueblo.
Hace escasas fechas, volví a pasar por Cuadros. Pregunté por Amabilia. Todos la conocían, claro. Había fallecido (cómo sentí no poder de nuevo conversar con ella). Entre unos y otros, me fueron relatando una historia desgraciada.
Una historia de madre soltera, con dos hijas, una de las cuales se le ahogó, ay, en un pozo. Una historia de mujer señalada por los vecinos. De mujer valiente que hubo de resistir señalamientos y exclusiones; que hubo, acaso, de vivir a lo largo de su existencia en un ambiente hostil.
Se me contaron pormenores. Pero qué más da.
Yo, hoy, aquí, quiero reivindicar a Amabilia, esa mujer atenta que me recibió en su momento, en plena calle en cuesta que subía hasta la iglesia parroquial, y que fue generosa y me transmitió las leyendas que sabía, las tradiciones que sabía.
Amabilia está resucitada, de algún modo, en mi libro Leyendas de tradición oral en la provincia de León. En tal libro figura su nombre. Se hallan transcritas sus palabras, con las leyendas que me relató. Y esa resurrección impresa de Amabilia, hoy, tras conocer su historia, una vez que se ha ido de este mundo, me proporciona consuelo.
Sé que esa labor mía de hurgar en las culturas campesinas, de rescatarlas, de documentarlas, de dignificarlas…, supone también la dignificación de las gentes que las han vivido y que las transmiten.
Y Amabilia está dignificada. Su existir sufriente está dignificado. Su ser (abusado por quienes la convirtieron en madre soltera, sin escrúpulo alguno), marcado negativamente por una comunidad en tiempos cerrados, se halla hoy dignificado, por su generosidad al transmitir la cultura de la que formaba parte.
Habría de entonar, para cerrar estas líneas de homenaje, un ‘ubi sunt?’, preguntando por Amabilia. Hoy su nombre y sus relatos de motivos legendarios de su pueblo forman parte ya de nuestras tradiciones orales.
Amabilia, donde quiera que estés, sé que tu vida mereció la pena.
Gracias por tu existir.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.