Podría pensarse que, en tiempos de IA, todas las noticias son iguales, están redactadas del mismo modo robótico y, por tanto, da igual el medio que elijas para informarte, idéntica redacción, misma sintaxis artificial, léxico impersonal, salvo las columnas de opinión que, al ser de naturaleza subjetiva y tratarse de textos argumentativos, para bien o para mal suelen contener el sello de quien las firma.
En cierto modo, si se trata de un suceso no importa demasiado donde lo leamos, la fuente original será única, pero cambia mucho el contenido si queremos estar al día de la actualidad política. Si acudimos a los grandes medios, ya hablemos de prensa, radio o televisión, entre unos y otros media un abismo, como si entre sectores afines o detractores se hubiera levantado un muro de hormigón aislante.
No es lo mismo, por ejemplo, ver un telediario o un programa de actualidad y debate en «Tele Pedro» (lo que viene siendo RTVE), que ver un noticiero o magazine en Antena 3. El primero te machacará hasta el límite del bien y del mal con la corrupción del novio de Ayuso. El segundo te contará cómo avanzan en los juzgados los casos cercanos a Sánchez, la “pentaimputación” de Begoña Gómez, el caso de David el músico o el del fiscal general del Estado, el de Koldo y Ábalos, etc.
No tratan los mismos temas los llamados medios de la sincronizada (afines al gobierno y subvencionados por el Ejecutivo) que los denominados «pseudomedios», prensa independiente que saca casos y casos de corrupción, pero que también ideológicamente está más cerca de la oposición.
¿Cómo elegir las fuentes de información? ¿Cómo llegar a la verdad? Buceando en las redes. Hay canales independientes realmente buenos. Aun así, es tarea compleja en estos tiempos. Decía Maurois que «solo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa», pero no está de más recordar también a Tagore: «La verdad no está de parte de quien grite más».